Penélope: por qué a Odiseo lo llamamos astuto y a ella tramposa

El caballo de madera de Odiseo se celebra como genialidad. El telar de Penélope, que es el mismo truco con el mismo fin, aparece en el poema con el vocabulario del engaño. La misma habilidad, dos palabras distintas.

Mujer con túnica deshaciendo con las manos la tela de un telar vertical a la luz de una lámpara de aceite
El trabajo nocturno, que es la mitad del plan. La tela que se deshace no aparece en casi ninguna representación clásica del personaje: el arte prefirió pintarla tejiendo, es decir, obedeciendo.

El caballo de madera con el que Odiseo gana una guerra de diez años se cuenta en la tradición como la obra maestra de la inteligencia griega. El telar con el que Penélope gana tres años frente a ciento ocho hombres armados dentro de su casa se cuenta como una argucia de mujer. Es el mismo procedimiento: prometer una cosa y hacer otra para ganar tiempo.

La Odisea no oculta ese paralelismo. Al contrario, lo señala con insistencia, y usa para las dos jugadas palabras de la misma familia. Lo que cambia es el juicio que las acompaña, y ese desajuste es lo más moderno que tiene el poema.

¿Quién fue Penélope y en qué situación estaba?

Hija de Icario, prima de Helena —de quien todavía se discute si Helena de Troya existió como persona histórica—, reina de Ítaca y esposa de un rey ausente. Ahí acaba la parte cómoda de su biografía.

Conviene medir su problema con precisión, porque el resumen escolar lo deja en «esperó veinte años» y eso no describe nada. Diez años de guerra más diez de regreso: la mitad de una vida adulta. En ese plazo, un rey ausente sin noticias se da por muerto, y una reina viuda es la llave del trono. Los pretendientes que se instalan en el palacio son ciento ocho según el recuento del propio poema, y no están cortejándola: están consumiendo el patrimonio de su hijo, comiendo sus rebaños a diario y esperando que ceda por agotamiento [1].

Sus opciones reales eran tres, y las tres malas. Casarse con uno de ellos, que equivalía a entregar Ítaca y probablemente a condenar a Telémaco, un heredero adolescente incómodo para cualquier nuevo rey. Negarse en redondo, algo que su posición no le permitía sostener frente a la presión de su propia familia. O ganar tiempo hasta que su hijo tuviera edad para defenderse y su marido, si vivía, volviera.

El telar: un contrato con fecha de caducidad

Eligió la tercera, y el instrumento fue un telar. Anuncia que se casará con uno de ellos en cuanto termine de tejer el sudario para Laertes, su suegro anciano, porque sería impío enterrarlo sin mortaja. La jugada es de una elegancia notable: nadie puede oponerse a un deber funerario sin quedar como un impío delante de todo el mundo. Los pretendientes aceptan.

Teje de día y deshace de noche. El plan aguanta tres años y solo se rompe cuando una de sus criadas la delata. Aun descubierta, ha comprado el tiempo que necesitaba.

Lo importante para lo que viene después es el vocabulario. El griego llama dólos al ardid, y mētis a la inteligencia práctica que lo concibe: la habilidad de quien no puede ganar de frente y por eso gana torciendo. Es la categoría central del personaje de Odiseo, el hombre «de muchas trazas», y los estudios clásicos sobre esa forma de inteligencia griega la describen justamente como el recurso del que está en desventaja: el pescador, el timonel, el artesano, el que se enfrenta a algo más fuerte que él [2]. Penélope opera con ese mismo instrumento y en condiciones bastante peores, porque su adversario está dentro de su casa y ella no puede salir de ella.

Pintura neoclásica de Penélope sentada junto a su telar con expresión pensativa
Penélope junto al telar, por Angelica Kauffman. La pintora fue una de las pocas mujeres fundadoras de la Royal Academy en 1768, y volvió varias veces sobre este personaje en una carrera que ella misma tuvo que negociar en un gremio cerrado. Imagen vía Wikimedia Commons.

¿Por qué a Odiseo se le llama astuto y a ella tramposa?

Porque el poema pone la valoración en boca de quienes pierden con la jugada, y esa voz se ha quedado pegada al personaje durante tres mil años. Antínoo, el más agresivo de los pretendientes, cuenta el episodio del telar en la asamblea de Ítaca como una estafa: nos ha estado dando esperanzas mientras urdía engaños. La palabra que usa para el trabajo del telar es de la misma raíz que la que el poema emplea para admirar los ardides de su marido, y aquí no hay admiración ninguna [1].

El elogio que sí recibe llega por una vía torcida. En el descenso al inframundo, el fantasma de Agamenón, asesinado por su esposa al volver de la guerra, advierte a Odiseo de que no se confíe con ninguna mujer, y más adelante alaba a Penélope por contraste con Clitemnestra. Su virtud se mide frente al crimen de otra mujer, no frente a su propio logro. Es un elogio que la deja en el papel de excepción, y las excepciones no cambian la regla: la confirman.

Con Odiseo el poema hace justo lo contrario. Su episodio más celebrado consiste en dar un nombre falso a un gigante para escapar de una cueva, y el truco de Polifemo y Nadie se transmite como una lección de ingenio que se enseña a los niños. Nadie describe a Odiseo como un embaucador que abusó de la hospitalidad de su anfitrión, aunque técnicamente sea eso lo que ocurre.

La prueba del arco y la de la cama: quién examina a quién

Aquí es donde el personaje se descoloca del molde de la esposa que aguarda, y donde el viaje de odiseo resumen suele pasar de largo. Los dos exámenes que resuelven el poema los diseña y los administra ella.

El primero es el certamen del arco. Penélope decide sacar el arco de Odiseo y proponer que se case con quien consiga tensarlo y atravesar los doce hachas, y elige para anunciarlo el día exacto en que un mendigo desconocido acaba de entrar en su casa. Si sabía quién era ese mendigo o no es una de las discusiones más largas de la filología homérica: hay una tradición interpretativa que sostiene que lo reconoce mucho antes de lo que el texto admite, y que su conducta a partir de ahí es la de alguien que colabora sin decirlo [3]. El texto se guarda la respuesta, y hay buenos argumentos para pensar que esa ambigüedad es deliberada y forma parte de cómo el poema construye al personaje [4].

El segundo examen es el que a mí me parece la mejor escena de todo el poema. Con los pretendientes muertos y el marido identificado por su nodriza y por su hijo, ella no se conforma. Ordena delante de él que le saquen la cama del dormitorio para que el recién llegado duerma fuera, y Odiseo salta: esa cama no se puede mover, la talló él mismo sobre el tocón de un olivo vivo que sigue enraizado en el suelo de la casa. Con esa reacción se identifica solo [5].

Fíjate en el diseño de la prueba. No le pide una contraseña, que se puede robar. Le tiende una mentira y observa si la corrige. Es el procedimiento de alguien que lleva veinte años recibiendo en su puerta a mendigos, mercaderes y viajeros que traen noticias falsas de su marido para conseguir una cena, y que ha desarrollado un método para no ser engañada. El héroe de la astucia pasa un control de identidad puesto por su mujer.

El poema paga un precio muy alto por mantenerla en ese sitio, y hay que decirlo. Mientras Odiseo mata a los ciento ocho pretendientes en el salón, Penélope está dormida: Atenea le echa un sueño encima para que no vea la matanza. Cuando despierta, ya está hecha, y entre los cadáveres cuelgan también las doce criadas ahorcadas por orden de Telémaco, una de ellas la que la había delatado. La mujer que diseñó los dos exámenes decisivos queda fuera de la escena en la que se cobra el resultado. La sacan del cuarto justo cuando empieza lo sucio.

Hombre barbado protestando ante una mujer sentada mientras dos criados hacen ademán de mover una cama de madera
El momento de la cama, que es un interrogatorio disfrazado de orden doméstica. La cama tallada sobre un olivo enraizado en el suelo funciona además como la metáfora más económica del poema: la casa y el matrimonio comparten raíz y no se pueden trasladar.

Quién decide que una jugada es lista y no sucia

La asimetría del poema no es un problema de la Antigüedad. Es el mismo mecanismo que hace que una negociación dura se describa como firmeza en unos y como carácter difícil en otros, o que la misma táctica de posponer una decisión hasta tener mejores cartas se llame visión estratégica arriba y falta de compromiso abajo. La conducta se puede medir; el adjetivo que se le pone depende de quién la ejecuta y de a quién le cuesta dinero.

El repertorio mitológico está lleno de mujeres cuya competencia llegó al relato convertida en otra cosa. La fundadora de una gran ciudad quedó como la protagonista de un desengaño amoroso, y hoy hay que insistir en que Dido de Cartago fue antes que nada una jefa de expedición que negoció un territorio. La historia de Brunilda y Sigfrido arranca con un engaño que le hacen a ella y termina con su furia catalogada como monstruosidad. Penélope corrió mejor suerte, porque al menos conservó el elogio, aunque a cambio se lo dieron por lo que soportó y no por lo que hizo.

Hay un detalle final que lo resume mejor que cualquier argumento. Durante siglos, el arte europeo la pintó tejiendo, sentada, melancólica, con la rueca o el telar delante. Existen decenas de esos cuadros. De la escena en la que deshace la tela a escondidas, que es donde está toda la inteligencia del personaje, apenas hay imágenes. Preferimos mirarla trabajando. ¿Cuántas veces has visto reconocer a alguien su paciencia justo para no tener que reconocerle su plan?

Preguntas Frecuentes

¿Cuánto tiempo esperó Penélope a Odiseo?

Veinte años en total: diez de guerra en Troya y diez de regreso. El truco del telar cubre los tres últimos años, cuando la presión de los pretendientes se vuelve insostenible y Telémaco empieza a tener edad para actuar.

¿Reconoce Penélope a Odiseo antes de la prueba de la cama?

El texto no lo dice. Una corriente de la crítica homérica defiende que lo reconoce durante su conversación en el canto XIX y que actúa en consecuencia sin declararlo; otra sostiene que la duda es genuina hasta el final. Esa indeterminación se considera hoy un rasgo intencionado del poema.

Fuentes y referencias bibliográficas

  1. Homero. Odisea. Pabón JM, traductor. Madrid: Gredos; 1982.
  2. Detienne M, Vernant JP. Las artimañas de la inteligencia: la mètis de los griegos. Madrid: Taurus; 1988.
  3. Harsh PW. Penelope and Odysseus in Odyssey XIX. American Journal of Philology. 1950;71:1-21.
  4. Katz MA. Penelope's Renown: Meaning and Indeterminacy in the Odyssey. Princeton: Princeton University Press; 1991.
  5. Homer, Odyssey Book 23. Theoi Classical Texts Library [citado 2026 Ago 4].
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