Tau, Kerana y sus siete hijos tienen autor y fecha: el verdadero origen de los monstruos guaraníes

La familia de Tau y Kerana, con el Luisón como séptimo hijo, se enseña como mitología guaraní de siempre. La publicó un poeta paraguayo en 1929, y dijo que la había leído en las piedras de una cueva perdida.

Siete monstruos alrededor de una hoguera en una cueva: un lagarto de muchas cabezas de perro, una serpiente loro, un duende rubio, un jabalí y un perro negro
Los siete hermanos tal como los imagina el folclore de hoy, con el Moñái de cuernos y el Luisón convertido en perro negro, dos rasgos que el poema de 1929 no les da. Ilustración IA generada para Mitos y Más.

En Argentina, cuando una familia tiene siete hijos varones, puede pedir que el presidente de la Nación sea el padrino del séptimo. El chico recibe una medalla y tiene derecho a estudiar gratis el resto de su vida. Si preguntas en cualquier sobremesa por qué existe esa costumbre, casi todo el mundo te contestará que es para que no se convierta en lobizón.

El lobizón, o el Luisón, como se le llama en Paraguay, es el último de los hijos de Tau y Kerana, la pareja de la que nacieron los siete monstruos guaraníes. Ninguna norma del padrinazgo menciona a los lobos, y esa familia de monstruos, que hoy se enseña en las escuelas del Paraguay como mitología guaraní de siempre, tiene autor y fecha de imprenta. Su autor contó, además, que la había leído en las piedras de una cueva que nadie volvió a encontrar.

Esta es la historia de Tau, Kerana y sus siete hijos contada de principio a fin, y luego desmontada pieza a pieza: qué contaban los guaraníes, qué dejaron los jesuitas, qué llegó en barco desde Europa y qué salió de la cabeza de un poeta paraguayo en 1929.

Si la prefieres contada, está entera en el vídeo Los siete monstruos guaraníes no son una leyenda antigua: tienen autor y fecha, y en audio, en el episodio del podcast.

¿Quiénes son Tau y Kerana en la mitología guaraní?

La versión que circula hoy sale de un libro concreto, Ñande Ypy Kuéra («nuestros antepasados»), un poema épico escrito en guaraní por Narciso R. Colmán, que firmaba como Rosicrán. Se imprimió en Asunción en 1929, y en 1937 el propio autor publicó una versión en castellano con sus notas [1]. Lo que sigue es su relato, y cuando un detalle venga de antes, o de otra parte, lo iré diciendo.

En el principio de Colmán, Tupã es el dios supremo, vive en el sol y se casa con Arasy, a la que nombra Madre del Cielo y da la luna por casa. Los dos bajan a una colina de Areguá, junto al lago Ypacaraí. Allí modelan en arcilla a la primera pareja, y al barro le mezclan el jugo de una hierba, la sangre de un ave y hojas de sensitiva, y lo mojan con el agua de un manantial. Arasy llama a la mujer Sypave y Tupã llama al hombre Rupave. Antes de irse les deja dos compañeros para toda la vida. Angatupyry es el espíritu del bien y Tau el del mal; uno ha de sostenerlos y el otro, empujarlos [1]. Si te suena a Adán y Eva con un ángel en cada hombro, no eres el único.

Una nieta de aquella primera pareja, hija de un hombre llamado Marangatu, «el virtuoso», era una muchacha de una belleza fuera de lo común que se pasaba los días durmiendo, y por eso la apodaron Kerana, la dormilona. Tau se fijó en ella, la rondó durante días y acabó intentando llevársela. Angatupyry se le puso delante y pelearon siete días con sus noches, hasta que Tau, sin fuerzas, llamó a su abuelo Pytajovái, el dios del valor, que llevaba en las entrañas el fuego de la destrucción. Pytajovái derribó al espíritu del bien, y Tau raptó a Kerana [1].

Una muchacha indígena de pelo largo y negro, con una vincha de plumas y un collar de cuentas rojas, duerme en una hamaca blanca a la sombra de los árboles
Kerana en la lámina del vídeo. Que su nombre signifique «dormilona» es la explicación de Colmán: ke es «dormir» en guaraní, pero la terminación del nombre parece cosa del poeta. Ilustración IA generada para Mitos y Más.

La gente pasó noches enteras suplicando a Arasy que castigara al raptor, y la diosa lanzó contra Tau una maldición. A las siete lunas, Kerana dio a luz a su primer hijo, un monstruo. Luego vino otro a los siete meses, y así hasta siete [1]. A mí lo que más me inquieta de este arranque es a quién le cae el castigo, porque la maldición va contra el padre y la pagan la madre (que pare siete veces) y los hijos, que nacen monstruos por algo que no hicieron. En Guinea se echa una cuenta parecida, la de Alatangana, que le pidió la luz del día a Sa, el dios africano de la muerte; el precio lo pagaron sus hijos.

Los siete hijos de Tau y Kerana, uno por uno

Colmán los da en orden de nacimiento, y añade que todos alcanzaron su desarrollo completo a los siete años [1].

El primero es Teju Jagua, «lagarto perro», un lagarto colosal con siete cabezas de perro y unos ojos que echaban llamas. Con esa pinta, resultó el más manso de la familia: era dócil, inofensivo, comía fruta y vivía en las cuevas de Yaguarón como señor de las cavernas y protector de los frutos, y uno de sus hermanos le llevaba miel [1]. Hoy se le dibuja casi siempre encima de montañas de oro y piedras preciosas, como un dragón con su tesoro, pero en el poema no hay ni una moneda, y el oro se lo pusieron después. Lo que sí parece más viejo es la idea de un lagarto gigante en una cueva. En el paredón de Teyú Cuaré, sobre el Alto Paraná, un indio viejo contó en 1855 que había vivido uno, «el terror de los navegantes» [2].

Un lagarto verde enorme con varias cabezas de perro de ojos amarillos, echado a la entrada de una cueva entre la vegetación
Teju Jagua en la lámina del vídeo, sin un solo tesoro a la vista. Entre los mbyá, el mismo nombre designa a un monstruo comparable al dragón que se asocia con los torbellinos. Ilustración IA generada para Mitos y Más.

El segundo es Mbói Tu'i, la serpiente loro, de tamaño colosal y con la cabeza y el pico de un loro. Reinaba en los esteros, esos humedales inmensos donde no se sabe dónde acaba el agua, y protegía a los anfibios, el rocío, la humedad y las flores [1]. De los siete, es el que menos historia tiene, porque el poema apenas le dedica unas líneas.

El tercero, Moñái, se dibuja hoy como una serpiente con dos cuernos con los que hipnotiza a sus presas, aunque los cuernos tampoco están en el poema. Colmán lo hace señor de los campos, de los aires y de las aves, y «protector del robo y de toda pillería». Robaba, y lo que robaba lo escondía en una gruta de un cerro de Atyrá [1]. Ese vicio será, al final, el que pierda a toda la familia en una cueva de Yaguarón.

El cuarto es el más famoso, Jasy Jatere. Colmán traduce su nombre como «fragmento de la luna» y lo describe como un hombrecillo de pelo dorado, señor de la siesta, con una varita de oro que lo volvía invisible, protector de las abejas y aficionado a extraviar a la gente en el monte para entregársela a su hermano el caníbal [1]. A este no se lo inventó nadie en 1929. Hacia 1890, el naturalista argentino Juan Bautista Ambrosetti recorría Misiones apuntando lo que le contaba la gente, y ya oyó hablar del Yasy-Yateré, «un enano rubio, bonito», con sombrero de paja y un bastón de oro, cuyo oficio era robar niños de pecho [2]. Solo que entonces no era hijo de nadie, igual que otro duende de la siesta que nunca entró en la familia y que tiene su propia leyenda del pombero.

El quinto es Kurupi, y con este conviene hablar claro. El poema lo llama prototipo de la sensualidad y dueño de la selva, le da un miembro viril «tan largo como un lazo» y cuenta que raptaba a las muchachas vírgenes, que al poco tiempo aparecían embarazadas [1]. Ambrosetti ya lo había oído en Misiones, saliendo a la hora de la siesta detrás de las mujeres que iban solas al monte a buscar leña, y dejó escrita una sospecha sobre una versión del Yasy-Yateré que también embarazaba a las muchachas, la de que se había inventado «para justificar ciertos raptos» [2]. Cuando una chica volvía del monte embarazada y en el pueblo no se podía, o no se quería, decir de quién, había un culpable que nunca iba a declarar. Entre los mbyá, en cambio, los kurupi son seres que viven bajo tierra, dueños de las cuevas y los precipicios, de piel negra y con una música hermosa [3], y ninguno sale a buscar muchachas.

El sexto es Ao Ao, el caníbal al que su hermano le llevaba la gente perdida. En el poema es señor de la fecundidad, de los cerros y de las montañas, y vive en manadas como los jabalíes, gritando a coro su propio nombre; para escapar de él hay que subirse a una palmera [1]. Ambrosetti lo había recogido como un animal parecido a una oveja y con grandes garras. Su informante le explicó que la palmera salvaba porque era árbol sagrado del Calvario. Ambrosetti creía que esa leyenda la habían inventado los propios jesuitas, para que a los indios de las misiones se les quitaran las ganas de escaparse al monte [2]. Es una sospecha suya, no un hecho, aunque tiene su lógica.

El séptimo es el Luisón, al que Colmán llama señor de la noche y compañero inseparable de la muerte. Vivía en los cementerios, se alimentaba de la carne de los difuntos y tenía una cabellera larga y sucia, una palidez de muerto y un olor fétido [1]. En el poema no es un perro ni un lobo, y la luna llena no aparece por ninguna parte; el Luisón de Colmán es un hombre con aspecto de cadáver, y el perrazo negro que se transforma los viernes vino de otro sitio.

Un hombre muy pálido y demacrado, de pelo largo, negro y desgreñado, con una túnica gris rota, de pie junto a unas cruces de madera bajo un cielo nocturno
El Luisón tal como lo describe Colmán, en la lámina del vídeo. El perro grande, negro o bayo, con unas orejas enormes, es el lobisón del campo rioplatense, que el poeta no quiso usar. Ilustración IA generada para Mitos y Más.

¿Cómo termina el mito de Tau y Kerana?

Con siete monstruos sueltos por la tierra guaraní, el profeta Tume Arandu, hermano de Marangatu, reunió a la gente en Atyrá para decidir qué hacer. Allí se levantó su hermana menor, Porãsy, a la que el poema llama diosa de la hermosura y le da una fuerza hercúlea, y se ofreció a matarlos. Porãsy no es la hermana de Kerana, como se lee a menudo, sino su tía [1].

Fue a buscar al Moñái, el ladrón, lo sedujo y lo convenció para que reuniera a sus hermanos en una gruta de Yaguarón a celebrar. Allí dentro los siete se emborracharon con chicha, y Tume prendió fuego a la cueva. Porãsy murió con ellos, «entre el humo y el fuego», y su espíritu subió al cielo como la estrella de la mañana; los siete tardaron siete días y siete noches en consumirse, y sus almas, ya purificadas, formaron las siete cabrillas, las Pléyades [1]. Kerana, la madre, murió de pena en el cerro de Yaguarón.

Una mujer joven de vestido blanco, collar de caracoles y vincha con plumas, con los ojos cerrados y gesto sereno, de pie dentro de una cueva entre llamas y humo
Porãsy dentro de la cueva, en la lámina del vídeo. De toda la historia, el final es lo que más me gusta: la heroína no vence a los monstruos, se los lleva con ella al cielo. Ilustración IA generada para Mitos y Más.

¿Es antigua la mitología guaraní de los siete monstruos?

Los guaraníes no escribían, así que lo que sabemos de sus creencias antiguas llega por tres caminos. El primero son los misioneros jesuitas del siglo XVII, que aprendieron la lengua para predicar en ella; el segundo, los viajeros y folcloristas de finales del XIX, que apuntaban lo que se contaba en el campo, y el tercero, unos pocos textos sagrados que los propios guaraníes dictaron ya en el siglo XX. En ninguno de los tres aparecen Tau y Kerana con sus siete hijos antes de 1929.

En 1639, el jesuita Antonio Ruiz de Montoya publicó en Madrid su Tesoro de la lengua guaraní, y allí taú es una palabra, no un personaje, que se traduce como «demonio, fantasma, fantasía, alma» [4]. Los misioneros necesitaban además una palabra para decir Dios, y escogieron Tupã, la divinidad que personificaba el trueno, que durante la misión quedó equiparada con el Dios cristiano [5]. Para el diablo usaron Añã, una palabra que, según Cadogan, se incorporó con ese sentido al léxico de los misioneros de forma indebida [3]. En los Andes pasó algo muy parecido con una palabra que tenía que ver con los muertos y su sombra, y que acabó siendo el diablo de los catecismos y el Supay, el Tío de las minas de Potosí.

Portada impresa de un libro antiguo con el título Tesoro de la lengua guaraní, un grabado de la Virgen María en el centro y el pie de imprenta de Madrid, 1639
La portada del diccionario de Montoya, impreso por Juan Sánchez en 1639 y dedicado a la Virgen. Tres siglos antes del poema, taú todavía cabía en una línea de diccionario. Antonio Ruiz de Montoya, 1639. Dominio público. Imagen vía Wikimedia Commons. Archivo: https://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/7/7d/Tesoro_de_la_Lengua_Guaran%C3%AD_0005.jpg

Los folcloristas de fin de siglo encontraron a varios de los futuros hermanos, pero sueltos. Ambrosetti apuntó en Misiones al Yasy-Yateré, al Curupí, al Ahó-Ahó y al lobisome, cada uno por su cuenta y sin padre ni madre, y en sus páginas no hay rastro de Tau ni de Kerana, ni tampoco del Mbói Tu'i o del Moñái como personajes [2].

El tercer camino es el más valioso y el que menos se cuenta. A mediados del siglo XX, el paraguayo León Cadogan llevaba años ayudando sin cobrar a los mbyá, un pueblo guaraní del Guairá. El cacique Pablo Vera le pidió que sacara de la cárcel de Villarrica a uno de los suyos, y cuando lo consiguió, el hombre liberado dijo que aquel blanco ya merecía oír «las primeras palabras hermosas». Así empezaron a dictarle unos cantos que los sacerdotes mbyá guardaban en secreto delante de cualquier extraño, y que Cadogan publicó en 1959 como Ayvu Rapyta, que viene a ser el fundamento de la palabra [6].

Fotografía en blanco y negro de un hombre mayor con gafas de pasta y camisa blanca, sentado en una silla de mimbre delante de una pared de tablas
León Cadogan en 1963, frente a la casa de tablas que él mismo había construido en 1937 en Villarrica. En su libro presenta a sus informantes mbyá como los verdaderos autores del trabajo. Fundación León Cadogan, CC BY-SA 4.0. Imagen vía Wikimedia Commons. Archivo: https://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/c/c8/LE%C3%93N_CADOGAN.jpg

En esos cantos, al principio solo hay una oscuridad primera, y en medio de ella Ñamandu, Nuestro Padre, se crea a sí mismo, primero las plantas de los pies y luego un pequeño asiento redondo, iluminado por el reflejo de su propio corazón mientras un colibrí le refresca la boca. Antes de que exista la tierra crea el fundamento del lenguaje humano, y después a los dioses que le ayudan, entre ellos un Tupã que aquí es solo el de las aguas, la lluvia y el granizo [6]. En el Ayvu Rapyta no aparecen Tau, Kerana, Rupave ni los siete monstruos. El panteón de Colmán, además, no encaja con el de los mbyá. Si alguien te habla del mito guaraní de la creación, conviene preguntar de cuál de los dos. Pasa también con los mayas, porque el autor del Popol Vuh es una pregunta con trampa: el texto quiché nos llegó en la copia de un fraile.

¿De dónde viene el lobizón, o lobisón?

En 1894, Ambrosetti apuntó en el sur de Brasil una regla que le contaron. El séptimo hijo varón seguido es lobisome, y si la séptima seguida es mujer, será bruja; cada viernes a medianoche se convierte en un animal parecido al perro y al chancho, con unas orejas tan grandes que le tapan la cara. En una nota dejó dicho que la leyenda era de origen europeo, lo que en Francia llaman loup-garou [7].

Dos años después, desde Montevideo, Daniel Granada explicó el nombre. Lobisón es la voz portuguesa lobishomem, el hombre lobo, gastada por el uso; pasó de Brasil al Río de la Plata [8]. Luisón sería la forma que le dio la boca guaraní, aunque ese último paso no lo ha estudiado a fondo ningún lingüista que yo conozca. En América no había lobos, y en su lugar el monstruo tomó la forma de un perro [9].

La idea del séptimo hijo varón también llegó en barco. Granada recoge, citando a Teófilo Braga, que en las Azores el último de siete varones seguidos era lobishomem y que el remedio consistía en bautizarlo con el nombre de Bento, Benito, con el mayor de los hermanos por padrino [8]. Leonardo Anconatani, que resume toda la bibliografía rioplatense, suma el lobishome gallego y el lobisome extremeño, y señala que la luna llena es un añadido tardío [9]. A los monstruos les pasa mucho que el rasgo que parece más eterno es el último en llegar, lo mismo que ocurrió con Drácula y el sol, una regla que inventó el cine en 1922.

¿Por qué el presidente argentino es padrino del séptimo hijo?

En octubre de 1907, en Coronel Pringles, en la provincia de Buenos Aires, un colono alemán del Volga llamado Enrique Brost pidió al presidente José Figueroa Alcorta que apadrinara a su séptimo hijo varón, y el presidente aceptó. El niño, José, se bautizó el 20 de octubre, con un funcionario del pueblo en el lugar del presidente [10]. El decreto que después reguló la costumbre recuerda aquel caso sin nombres, como el pedido de «un residente en el país, de nacionalidad rusa» [11]. Según se cuenta en Pringles, la familia decía que en Rusia era el zar quien apadrinaba al séptimo, cosa que ninguna fuente rusa consultada confirma; lo que sí está documentado es que en Alemania el jefe del Estado sigue siendo hoy padrino de honor del séptimo hijo de la familia que lo pida [12].

En 1973, Perón convirtió la costumbre en norma con el Decreto 848, que daba una medalla de oro al séptimo hijo varón o a la séptima hija (que entró en el mismo decreto a pedido de la provincia de Tucumán) y aclaraba que el padrinazgo no creaba derechos [11]. Al año siguiente, la Ley 20.843 añadió algo muy concreto, el derecho de los ahijados presidenciales a estudiar gratis, «cualquiera sea su edad» [13]. En 2009, el Decreto 1416 lo abrió a cualquier religión, a las parejas sin casar y a los padres solteros [14].

En diciembre de 2014, Cristina Fernández apadrinó a Iair Tawil, séptimo hijo varón de un rabino y primer ahijado presidencial judío [15]. Medio mundo tituló que la presidenta lo había hecho para que el chico no se convirtiera en hombre lobo, y el historiador Daniel Balmaceda tuvo que salir a explicar que el mito del lobisón no tenía nada que ver con aquella costumbre [16]. Ni el decreto de 1973, ni la ley, ni la reforma de 2009 dicen una palabra de lobos, de supersticiones o de niños abandonados, y la historia de que en el campo mataban o abandonaban a los séptimos hijos no tiene detrás ni un solo caso documentado. Lo que sí hubo fue estigma, porque en 1894 al que señalaban como lobisón lo trataban como a «una especie de paria» [7].

Lo curioso vino después, cuando la gente juntó las dos cosas por su cuenta. Si el remedio contra el lobisón era un buen padrino, ninguno más poderoso que el presidente. Los folcloristas recogen que lo bautice «el presidente de la nación» como un remedio más [9], y en 2025, en un hospital de Misiones, unas enfermeras le aconsejaron a la madre de un séptimo hijo varón que pidiera el padrinazgo justo por eso [17]. En Paraguay, donde no hay ninguna ley, todavía hay familias que le piden al presidente que apadrine al séptimo, por si acaso [18]. El amuleto lo inventó la gente, no el Congreso.

La costumbre argentina, por cierto, está a una votación de desaparecer. En mayo de 2026 la Cámara de Diputados dio media sanción a la llamada Ley Hojarasca, que deroga la 20.843 junto a casi sesenta normas viejas más [19], y en junio el Senado firmó el dictamen [20]. A 18 de octubre de 2026, el registro oficial no recoge ninguna norma que la derogue [21], de modo que el séptimo hijo sigue teniendo padrino.

¿Dónde encontró Narciso Colmán a Tau y Kerana?

Queda la última pieza, y es la más rara. La contó el propio Colmán en la introducción de su libro. En 1912 estaba cazando en el cerro Tatukuá, en Paraguarí, cuando su perro salió detrás de un jabalí, el animal se metió en una gruta y Colmán entró detrás. Dentro, cuenta, había la estatua de piedra de un indio cubierta de jeroglíficos, y su obra, escribe, «no es sino el resultado interpretativo de los jeroglíficos que presenta la consabida escultura indígena» [22].

Un hombre con sombrero claro y bigote, agachado con un farol encendido en la mano, observa en una cueva una gran estatua sentada de piedra cubierta de figuras grabadas
Colmán ante la estatua de la gruta, en la lámina del vídeo. Un dentista alemán le gastó la broma de que se la había llevado, y en realidad había modelado una copia a partir de una foto. Ilustración IA generada para Mitos y Más.

Se llevó de allí una treintena de piedrecitas, y al lavarlas en casa vio en ellas caracteres y figuras. Colmán tiene aquí una honestidad que desarma, porque admite que retocó algunas («a unos aumentamos los ojos, o las cejas, y a otros los dientes»), que un intelectual le habló de autosugestión y que esa sospecha «podría resultar exacta». Volvió por tercera vez a buscar la gruta y ya no la encontró, y el guía le dijo que la cueva de aquel brujo se la había tragado el cerro [22].

Retrato fotográfico en sepia de un hombre de mediana edad con el pelo peinado hacia atrás, traje oscuro, camisa clara y corbata
Narciso R. Colmán en 1931, dos años después de publicar su poema. Antes había firmado el primer cancionero impreso en guaraní del Paraguay, Ocara potÿ, en 1917. Fotografía subida a Commons por Pedro Cayetano J Vera, CC BY-SA 4.0. Imagen vía Wikimedia Commons. Archivo: https://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/d/da/Narciso_Ram%C3%B3n_Colman_1931.jpg

Un estudio de 2022 sostiene que el poema es una obra totalmente ficcional que acabó reemplazando en el imaginario social a los mitos guaraníes propios [23]. Yo no iría tan lejos con todo, o no del todo. Colmán no sacó de la nada al Jasy Jatere, al Kurupi ni al Ao Ao, que ya andaban por el monte décadas antes, y al lobisón lo trajeron los portugueses. Lo que hizo él fue darles una madre y un padre, un orden de nacimiento, una cueva donde morir y un sitio en el cielo.

Le salió bien, porque funciona como funcionan los mitos de verdad. Dos de cada tres paraguayos usan el guaraní en casa [24], y en toda esa tierra los siete hermanos son los que se saben los chicos, aunque casi ninguno haya oído el nombre de Colmán. Los griegos también tuvieron un poeta que ordenó a sus dioses en familias y les puso padre y madre, y a nadie le molesta que el origen del universo en la mitología griega se lea en la Teogonía de Hesíodo, que tiene autor. Lo raro del caso guaraní es que se puede ver formarse casi en directo, con una palabra jesuita de 1639, unos duendes que contaba el campo, un hombre lobo que llegó en barco y un poeta que juró haberlo leído en piedra. El cerro Tatukuá sigue en su sitio y la cueva no ha vuelto a aparecer. ¿Cuántas de las historias que damos por milenarias tendrán, en algún cajón, un autor con nombre y apellido al que nadie se ha molestado en buscar?

Preguntas Frecuentes

¿Qué significa Kerana en guaraní?

Según Colmán, «dormilona», porque la muchacha se pasaba los días durmiendo, y en sus notas la llama diosa del sueño. La raíz ke significa «dormir» en guaraní; la forma Kerana, con su terminación, es del poeta.

¿En qué orden nacieron los siete hijos de Tau y Kerana?

En el poema de Colmán: Teju Jagua, Mbói Tu'i, Moñái, Jasy Jatere, Kurupi, Ao Ao y el Luisón, que fue el séptimo. Por eso el Luisón quedó unido a la creencia europea del séptimo hijo varón que se convierte en lobisón.


Fuentes y referencias bibliográficas

  1. Colmán NR (Rosicrán). Nuestros antepasados (Ñande Ypy Kuéra). Versión castellana del autor. San Lorenzo: Editorial Guaraní; 1937 [citado 2026 Oct 18].
  2. Ambrosetti JB. Supersticiones y leyendas: región misionera, valles calchaquíes, las pampas. Buenos Aires: La Cultura Argentina; 1917.
  3. Cadogan L. Diccionario mbya-guaraní castellano. Asunción: CEPAG; 1992.
  4. Ruiz de Montoya A. Tesoro de la lengua guaraní. Madrid: Juan Sánchez; 1639.
  5. Chamorro G. Antonio Ruiz de Montoya: misionero etnógrafo del Paraguay. Boletín Americanista. 2015;70:17-33.
  6. Cadogan L. Ayvu Rapyta: textos míticos de los Mbyá-Guaraní del Guairá. São Paulo: Universidade de São Paulo; 1959. (Boletim 227, Antropologia 5).
  7. Ambrosetti JB. Materiales para el estudio del folk-lore misionero. Buenos Aires: Revista del Jardín Zoológico; 1894.
  8. Granada D. Reseña histórico-descriptiva de antiguas y modernas supersticiones del Río de la Plata. Montevideo: A. Barreiro y Ramos; 1896.
  9. Anconatani LM. «Un perro negro así grandote». El lobisón criollo entre la historia clásica y los devenires indígenas en el este de Formosa (Argentina). R@U Revista de Antropologia da UFSCar. 2022;14(1):219-245.
  10. Un día como hoy, se celebraba el primer padrinazgo presidencial. El Orden de Pringles. 2020 oct 20 [citado 2026 Oct 18].
  11. Decreto 848/1973. Padrinazgo presidencial. Boletín Oficial de la República Argentina. 1974 ene 18 [citado 2026 Oct 18].
  12. Bundespräsidialamt. Jubiläen und Ehrenpatenschaften. Berlín: Der Bundespräsident [citado 2026 Oct 18].
  13. Ley 20.843. Padrinazgo presidencial: otorgamiento de becas. Boletín Oficial de la República Argentina. 1974 dic 10 [citado 2026 Oct 18].
  14. Decreto 1416/2009. Padrinazgo/Madrinazgo Presidencial. Boletín Oficial de la República Argentina. 2009 oct 7 [citado 2026 Oct 18].
  15. Iair, primer ahijado presidencial que profesa la fe judía. cfkargentina.com. 2014 dic 23 [citado 2026 Oct 18].
  16. Argentine president takes on godson, but not to keep werewolf at bay. NPR / Blue Ridge Public Radio. 2014 dic 29 [citado 2026 Oct 18].
  17. Te presentamos al próximo ahijado de Milei: es el séptimo hijo varón de una familia misionera. Crónica. 2025 may 22 [citado 2026 Oct 18].
  18. Un padrino para el «Luisón». ABC Color. 2012 jul 24 [citado 2026 Oct 18].
  19. Diputados dio media sanción a la «Ley Hojarasca», que busca derogar 60 normas. Parlamentario. 2026 may 20 [citado 2026 Oct 18].
  20. Guiño a Sturzenegger desde el Senado: se dictaminó la ley «Hojarasca» y quedó lista para su sanción. Infobae. 2026 jun 17 [citado 2026 Oct 18].
  21. Ley 20.843: normas que la modifican o complementan. InfoLEG, Ministerio de Justicia de la Nación [citado 2026 Oct 18].
  22. Colmán NR (Rosicrán). Ñande Ĭpĭ Cuéra. Nuestros antepasados. Introducción del autor; prólogo de Miranda JP. Asunción: El Lector; 2009 [citado 2026 Oct 18].
  23. Villalba Rojas RN. Rosicrán y su poema Ñande ĭpĭ cuéra (1929). Boca de Sapo. 2022. Resumen en el Repositorio Institucional CONICET, hdl 11336/187924.
  24. Instituto Nacional de Estadística. El Paraguay mantiene su diversidad lingüística con predominio del bilingüismo en los hogares. Asunción: INE; 2026 feb 20 [citado 2026 Oct 18].
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