Francisco Ximénez: El fraile que desobedeció a la Inquisición para salvar el Popol Vuh del fuego
Conoce la historia de Francisco Ximénez, el fraile dominico que desobedeció a la Inquisición española para salvar el Popol Vuh de ser quemado.
La historia de la conquista y colonización de América está trágicamente marcada por episodios de destrucción cultural masiva. El esfuerzo por imponer una nueva religión y un nuevo orden social llevó a la aniquilación sistemática de la memoria de civilizaciones enteras. El caso más infame es, sin duda, el Auto de Fe de Maní en 1562, donde el fraile franciscano Diego de Landa redujo a cenizas casi toda la literatura milenaria del pueblo maya [1].
Sin embargo, la historia rara vez es en blanco y negro. En medio de esta devastación institucionalizada, a veces surgen figuras que, movidas por la curiosidad intelectual, la empatía o el simple respeto por el "otro", deciden nadar a contracorriente. Un siglo y medio después de las hogueras de Landa, un fraile dominico en las tierras altas de Guatemala tomó una decisión que violaba las leyes de la Inquisición, pero que cambiaría para siempre la historia de la literatura mundial. Su nombre era Francisco Ximénez, y esta es la historia de cómo salvó el Popol Vuh.

La biblioteca perdida de Mesoamérica y el trauma del fuego
Para comprender la magnitud de la hazaña de Ximénez, primero debemos entender lo que se había perdido. Antes de la llegada de los europeos, los mayas habían desarrollado el único sistema de escritura completamente funcional y fonético de la América precolombina. Sus escribas producían miles de códices: libros plegables hechos de papel de corteza de higuera (amate), cubiertos de estuco y pintados con intrincados glifos [1].
Estos libros contenían siglos de observaciones astronómicas, cálculos matemáticos, registros dinásticos y, por supuesto, sus mitos de creación, historias tan ricas y complejas como las de la mitología griega o la cosmología azteca.
Pero en su afán evangelizador, autoridades como Diego de Landa vieron en estos textos únicamente "superstición y falsedades del demonio". La quema de los códices fue un intento calculado de borrar la memoria histórica de un pueblo para facilitar su sometimiento. Hoy, de esa inmensa biblioteca continental, solo sobreviven cuatro códices auténticos fragmentados (Dresde, Madrid, París y el Códice Maya de México).

La resistencia silenciosa: El manuscrito clandestino
Pero la memoria de un pueblo es difícil de erradicar. En las tierras altas de Guatemala, lejos del alcance inmediato de las hogueras de Yucatán, un grupo de nobles de la etnia k'iche' decidió que su historia no iba a desaparecer.
A mediados del siglo XVI, estos autores anónimos hicieron algo extraordinariamente subversivo. Habían sido educados por los frailes y habían aprendido a escribir su idioma materno, el k'iche', utilizando el alfabeto latino. En secreto, transcribieron sus antiguas tradiciones orales y lo que recordaban de sus libros pictográficos destruidos [2]. Escribieron el relato de los dioses creadores, el descenso de los Héroes Gemelos al inframundo de Xibalbá (un viaje tan épico como el de Inanna en la mitología sumeria), y las genealogías de sus reyes.
Habían creado el Popol Vuh, el "Libro del Consejo". Ocultaron este manuscrito durante décadas, pasándolo de generación en generación como su tesoro más preciado, sabiendo que su descubrimiento por las autoridades coloniales significaría su destrucción inmediata.
El encuentro en Chichicastenango
A principios del siglo XVIII, el padre Francisco Ximénez llegó destinado a la parroquia de Santo Tomás Chichicastenango. Ximénez no era un fanático inquisidor; era un erudito, un historiador y un lingüista apasionado. Llegó a dominar el idioma k'iche' (así como el kaqchikel y el tz'utujil) con una fluidez asombrosa [3].
A diferencia de muchos de sus contemporáneos, Ximénez trataba a los indígenas con respeto y mostraba un interés genuino por su cultura y su pasado. Este trato diferente no pasó desapercibido para los líderes locales. En un acto de inmensa confianza, decidieron revelarle su secreto mejor guardado: le mostraron el manuscrito original del Popol Vuh del siglo XVI.
La desobediencia de Ximénez y la preservación del mito
Es aquí donde la figura de Ximénez se vuelve histórica. Según las estrictas leyes eclesiásticas y civiles de la época, el deber ineludible del fraile era confiscar el libro y entregarlo a las llamas. El Popol Vuh era, a los ojos de la Iglesia, un texto profundamente herético, lleno de dioses falsos, magia y sacrificios.
Pero Ximénez eligió la curiosidad intelectual por encima del dogma. En lugar de destruirlo, se sentó en su parroquia y lo copió pacientemente. Creó un manuscrito bilingüe: en una columna transcribió meticulosamente el texto original en k'iche', y en la columna paralela escribió su propia traducción al español [4].
El manuscrito original del siglo XVI que los indígenas le prestaron finalmente se perdió en la niebla del tiempo. Si Ximénez no lo hubiera copiado, la historia de la creación maya, la epopeya de los Héroes Gemelos y la metáfora de los hombres de maíz se habrían perdido para siempre, sumándose a la inmensa lista de silencios de la historia precolombina.

El destino del manuscrito y el legado del traductor
La copia bilingüe de Ximénez permaneció en los archivos de la orden dominica en Guatemala durante más de un siglo. Tras la independencia y la expulsión de las órdenes religiosas en el siglo XIX, el manuscrito fue trasladado a la biblioteca de la Universidad de San Carlos. Allí fue "redescubierto" en 1854 por el explorador austríaco Carl Scherzer y el abad francés Charles Étienne Brasseur de Bourbourg, quienes lo publicaron en Europa, dando a conocer el Popol Vuh al mundo entero.
Hoy, el manuscrito original de Ximénez (conocido como el manuscrito de Chichicastenango) se conserva cuidadosamente en la Biblioteca Newberry de Chicago, lejos de las tierras donde fue escrito, pero a salvo de las llamas.
Francisco Ximénez no fue un héroe moderno libre de prejuicios; en sus propios escritos a veces criticaba las creencias indígenas desde su perspectiva cristiana. Sin embargo, su negativa a destruir el conocimiento del "otro" y su laboriosa labor de traducción lo convierten en una figura crucial. Su acto de desobediencia silenciosa salvó el "disco duro" de la civilización maya y nos legó una de las obras literarias y filosóficas más importantes de la historia de la humanidad.
Referencias:
[1] Clendinnen, I. (1987). Ambivalent Conquests: Maya and Spaniard in Yucatan, 1517-1570. Cambridge University Press.
[2] Tedlock, D. (1996). Popol Vuh: The Definitive Edition of the Mayan Book of the Dawn of Life. Simon & Schuster.
[3] Woodruff, J. M. (2011). "The 'Popol Vuh' and the Dominican Friar Francisco Ximénez". The Americas, 68(3), 395-416.
[4] Christenson, A. J. (2007). Popol Vuh: The Sacred Book of the Maya. University of Oklahoma Press.