El origen real de Halloween: qué era Samhain y quién inventó la fiesta celta de los muertos
Los druidas, la hoguera, el dios de la muerte y el año nuevo celta no salen de los textos irlandeses: los escribieron cuatro autores entre 1634 y 1913. Antes de la calabaza hubo un nabo, y antes, Samhain.
La primera linterna de Halloween no fue una calabaza, sino un nabo vaciado con una cara fea tallada a cuchillo. Y la fiesta celta de los muertos que se repite cada octubre tampoco es tan antigua como parece: casi todo lo que se cuenta de ella (los druidas en la colina, la hoguera que encendía toda Irlanda, el dios de la muerte o el año nuevo celta) tiene autor con nombre y apellido, y los cuatro escribieron entre 1634 y 1913.
Eso no convierte a Halloween en un invento americano para vender dulces, que es la otra frase que se oye cada año. Detrás hay una fiesta irlandesa real, Samhain, que aparece en decenas de relatos medievales que no dicen lo que la gente cree. Para encontrar el origen de Halloween hay que separar tres capas: lo que escribieron los monjes irlandeses, lo que hacían los campesinos de Escocia e Irlanda hasta hace un siglo y lo que añadieron unos eruditos con mucha imaginación.
Si la prefieres contada, está entera en el vídeo El origen de Halloween: la historia completa, de Samhain a la calabaza; si la prefieres en audio, en el episodio del podcast.
¿Qué es Samhain y qué significa la palabra?
En irlandés moderno, Samhain es sencillamente el nombre del mes de noviembre, y la noche del 31 de octubre es Oíche Shamhna, «la noche de Samhain». En irlandés antiguo la palabra era samain, el primero de noviembre y la fiesta que se celebraba ese día; en los textos cristianos sirve ya para decir Todos los Santos [1].
Los irlandeses medievales partían el año en dos mitades. El cortejo de Emer, un relato del ciclo del Úlster, lo explica de paso: el verano iba desde Beltaine (el primero de mayo) hasta Samain y el invierno desde Samain hasta Beltaine. En ese mismo pasaje el narrador se pregunta qué quiere decir la palabra y contesta que es «el fin del verano» [2]. Los lingüistas de hoy no dan por buena sin más esa explicación de glosador, porque la raíz celta samoni- puede venir de «verano» o de una palabra que significa «reunión». A mí me gusta más la segunda, porque le va a la fiesta como un guante.
Hay una pista más vieja que los monjes. En 1897 apareció en Coligny, cerca de Lyon, una placa de bronce rota en setenta y tres pedazos, un calendario galo de finales del siglo II con un mes que se llama casi igual, Samonios [3]. La palabra es antiquísima, pero la placa no dice qué se hacía ese mes ni si caía en verano o en invierno.
¿Cómo se celebraba Samhain según los textos irlandeses?
El texto que mejor lo explica es el arranque de La enfermedad de Cú Chulainn. Cuenta que los Ulates, la gente del Úlster, celebraban cada año una asamblea que duraba tres días antes de Samain, el propio día y tres días después, y que en todo ese tiempo no hacían nada en el mundo más que juegos, mercados, comer y beber. Cada guerrero exhibía allí las lenguas de los enemigos que había matado [4]. Los relatos del ciclo del Ulster vuelven a esa fecha una y otra vez.
Samain era también el día de las cosas serias. La Táin Bó Cúailnge, la epopeya de la guerra por un toro, arranca «el lunes después de Samain» con el ejército saliendo en campaña. La segunda batalla de Mag Tuired, la de los dioses contra los fomorianos, se libra en Samain [5], y en ella Lug, el dios celta de las artes, mata al gigante Balor.
Conviene recordar quién lo escribe. Los druidas no escribían, y de la Irlanda anterior al cristianismo no queda ni un libro ni una oración. Lo copiaron monjes cristianos, y el manuscrito más antiguo que recoge estos relatos, el Lebor na hUidre, es de hacia el año 1100, unos seiscientos cincuenta años después de san Patricio [4].

El síd: las colinas que se abrían en Samhain
Por toda Irlanda hay montículos redondeados, muchos de ellos sepulcros prehistóricos. Los irlandeses los llamaban síd y creían que dentro vivían los Túatha Dé Danann, los dioses antiguos, a los que el folclore de siglos después acabaría llamando hadas. De ahí sale la banshee de la mitología celta, cuyo nombre irlandés, bean sí, quiere decir «la mujer del síd». Los del síd no son los muertos, sino algo más viejo y bastante más peligroso.
Dos textos medievales dicen literalmente que en Samain los síde de Irlanda están abiertos. El más inquietante es la aventura de Nera. Es noche de Samain en Crúachan, el fuerte del rey Ailill y de la reina Medb, y fuera cuelgan dos prisioneros ahorcados la víspera; el manuscrito dice que «siempre se aparecían demonios esa noche». Nera acepta el reto de atarle una tira de mimbre al pie a uno de los ahorcados, el mimbre se le suelta dos veces y a la tercera el muerto le habla desde arriba para pedirle que lo lleve a beber, porque tenía mucha sed cuando lo ahorcaron [6].
Nera se lo carga a la espalda hasta una casa con agua, y el muerto bebe y escupe el último sorbo a la cara de los que duermen, que mueren todos. Al volver, Nera ve el fuerte en llamas y sigue a una tropa de guerreros hasta el interior de una colina. Dentro hay otro mundo, y una mujer le cuenta que lo que ha visto arder es lo que pasará el próximo Samain si nadie avisa a la reina, porque «los síde de Irlanda están siempre abiertos en torno a Samain» [6]. Para que le crean, le da ajo silvestre, prímulas y helechos, plantas del verano, porque allí dentro era verano.

Para mí es la escena que mejor explica qué era Samain para quien la escribió: hay miedo, y hasta un muerto, pero nadie lo espera con la mesa puesta; lo que sale de la colina no son los abuelos que vuelven a ver a la familia, sino los otros. El segundo texto, el de las hazañas juveniles de Finn, lo dice con las mismas palabras, porque en Samain nada podía quedar oculto en los síde [7].
Finn tiene además su propia noche de Samain. En la Acallam na Senórach, de finales del siglo XII, un ser del síd llamado Aillén mac Midgna llegaba a Tara cada año el día de Samain, dormía a la corte con su música y quemaba Tara con una llamarada, así durante veintitrés años [8]. Lo detuvo un muchacho que aguantó despierto con la punta de una lanza envenenada pegada a la frente, el protagonista de la historia de Fionn mac Cumhaill.
¿Era Samhain la fiesta celta de los muertos?
Si juntas todos los relatos, Samain es una asamblea con banquete, feria y tributos, una fecha para batallas y muertes de reyes y una noche en la que el mundo de los dioses antiguos está abierto. Lo que no aparece en ninguno es un culto a los difuntos ni hogueras de druidas. El historiador Ronald Hutton lo resume con prudencia al decir que seguro que hubo ritos religiosos, aunque ninguno de los relatos describe uno [9].
Los muertos entran en noviembre por una puerta cristiana, y la historia de la fecha es más enrevesada de lo que se cuenta. Hacia el año 610, el papa Bonifacio IV convirtió el Panteón de Roma en una iglesia de la Virgen y de todos los mártires [10], una fiesta que se celebraba en mayo. El primero de noviembre aparece después, en la Inglaterra anglosajona y en el imperio de Carlomagno: en el año 800, el clérigo Alcuino le pide a un amigo que celebre cada año, en las calendas de noviembre, la solemnidad de todos los santos [11].
En Irlanda, el martirologio en verso de Óengus, hacia el año 800, ponía la fiesta de los santos de toda Europa el 20 de abril, aunque al llegar al primero de noviembre lo llama samain sin más, porque ya era el nombre de la fecha [12]. Hutton sostiene que el primero de noviembre vino del mundo anglosajón y franco, no de Irlanda [9], y nadie ha encontrado un documento que diga que la Iglesia eligió el día para tapar Samhain. Hacia el año 1000, el abad Odilón de Cluny añadió al día siguiente la conmemoración de los Fieles Difuntos.
Los difuntos que vuelven a casa esa noche, con la silla junto al fuego y la puerta sin cerrar, aparecen en el folclore irlandés y escocés de los siglos XIX y XX, cuando esas fechas llevaban casi mil años siendo Todos los Santos y Difuntos. Otros pueblos sí tenían noches de difuntos con todas las letras, como las Antesterias y las Lemurias que se cuentan en Halloween en Grecia, pero esa es otra historia.
¿De dónde viene la palabra Halloween?
De la fiesta cristiana. A los santos se les llamaba en inglés antiguo hallows y a la víspera even, de modo que All Hallows' Even era la víspera de Todos los Santos, y en Escocia la expresión se fue gastando hasta quedarse en Halloween. Un poema escocés de Alexander Montgomerie, anterior a 1585, sitúa esa víspera «al final de la cosecha, cuando cabalgan nuestros buenos vecinos» [13], que eran las hadas, de las que convenía hablar con educación.
En 1785, el poeta Robert Burns le dedicó a esa noche un poema entero con notas para los lectores de ciudad. Avisa de que andan sueltos brujas, diablos y hadas. Lo que describe sobre todo es cómo se adivinaba con quién iba a casarse cada uno. Las chicas arrancaban a oscuras el primer tallo de col del huerto, porque como fuera el tallo así sería el marido; si traía tierra en la raíz, habría dote. Se echaban nueces al fuego por parejas para ver si ardían juntas o si una saltaba [14].
https://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/e/e4/J._M._Wright_-_Edward_Scriven_-_Robert_Burns_-_Halloween.JPGEl juego más inquietante es el del espejo. Quien se atreviera tenía que comerse una manzana a solas delante del espejo, a la luz de una vela, para ver aparecer por encima del hombro la cara de su futuro marido o esposa [14]. En todo el poema hay brujas y hadas por todas partes, pero ni un solo muerto que vuelva a casa.

Nueces, manzanas y púcas: el Halloween de la gente corriente
Entre 1937 y 1939, en Irlanda se pidió a los niños de las escuelas que preguntaran en casa por las costumbres de siempre y las escribieran en sus cuadernos, que hoy forman la Schools' Collection. Una niña de Kildare cuenta que su madre compra un barmbrack (un pan dulce con pasas) y todos buscan el anillo escondido; luego pescan manzanas con la boca en una tina de agua, asan nueces y al rato entran los «puca boys», chicos disfrazados que bailan por la cocina. Su madre le advierte que no coma moras, porque esa noche el púca ha escupido en ellas [15].
Otra niña, en el condado de Offaly, explica que las máscaras eran para que no los reconocieran [16], una respuesta mucho más sencilla que la de los celtas disfrazados para engañar a los espíritus, que no está en ningún texto antiguo. Ir de casa en casa disfrazado, cantando a cambio de comida, en Escocia se llamaba guising; Hutton lo documenta desde el siglo XVI [9].
https://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/8/88/Snap-Apple_Night_globalphilosophy.PNG¿Cuál es el origen de la calabaza de Halloween?
En Irlanda y en Escocia no había calabazas. Se vaciaban nabos y remolachas, se les tallaba una cara grotesca y se les metía dentro un ascua o una vela. Un texto escocés de 1890 describe a los chiquillos de Ayr «corriendo con sus caretas puestas y sus farolillos de nabo en la mano» [17]. Una linterna de nabo de las de antes daba más miedo que cualquier calabaza, porque con la vela dentro parece una calavera encogida.

https://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/3/30/Traditional_Irish_halloween_Jack-o%27-lantern.jpgLa leyenda de Jack o'Lantern, la que siempre se cuenta para explicar la calabaza, se imprimió por primera vez, que se sepa, en el Dublin Penny Journal de enero de 1836. Jack engaña al diablo, y al morir no le quieren ni en el cielo ni en el infierno, así que le condenan a vagar con un farol hasta el día del Juicio [18]. La historia no habla ni de Halloween ni de nabos: explicaba los fuegos fatuos de los pantanos, que en inglés se llamaban justamente jack-o'-lantern, «Jack el del farol».
La Hambruna, Canadá y el origen del truco o trato
En 1845 una plaga empezó a pudrir las papas en Irlanda, casi lo único que comía la gente pobre, y la cosecha se perdió un año tras otro. Hasta 1852 murió alrededor de un millón de personas y se marchó otro millón largo, sobre todo a Norteamérica. Con la Gran Hambruna, Halloween cruzó el Atlántico en masa, en el equipaje de los que huían, y allí se convirtió en una fiesta grande [19].

En Norteamérica había calabazas, y la calabaza tallada de la cosecha se pasó a esta noche. La primera asociación clara que citan los historiadores es de 1866: un periódico de Kingston, en Ontario, cuenta que se «sacrificaron» montones de calabazas para hacer caras iluminadas. En 1911, otra vez en Kingston, la prensa describe a niños disfrazados que recorren las calles cantando a cambio de dinero, manzanas y nueces [19], que es el guising escocés tal cual.

La frase «trick or treat» sale impresa por primera vez en 1917 en un periódico de Sault Ste. Marie, también en Ontario, en plural: las pandillas gritaban «tricks or treats». La forma exacta aparece en 1927 en el Lethbridge Herald, en una crónica desde Blackie, un pueblito de Alberta, donde unos «jóvenes atormentadores» exigían «botín comestible» de puerta en puerta [20][21]. El racionamiento del azúcar de la Segunda Guerra Mundial casi acabó con lo de pedir dulces, y después la radio y las revistas infantiles lo convirtieron en lo que conocemos [22].
¿Quién inventó la fiesta celta de Samhain?
Si los monjes hablan de ferias y colinas abiertas, y los campesinos de nueces y de novios, los druidas y la fiesta de los muertos salen de otra parte, de cuatro libros con nombre y fecha.
El primero es de un cura irlandés, Geoffrey Keating, que hacia 1634 escribió una historia de Irlanda desde el principio de los tiempos. Cuenta que en la colina de Tlachtga se reunían los druidas de toda la isla la víspera de Samain para ofrecer sacrificios a todos los dioses, que esa noche había que apagar todos los fuegos bajo multa y que solo se podían volver a encender con el de Tlachtga, pagando al rey de Munster tres peniques por cada uno [23]. Keating escribe mil doscientos años después de san Patricio y no dice de dónde lo saca. La colina se ha excavado, y los arqueólogos avisan de que esas quemas pueden ser de trabajar el metal o la cerámica [24]. Las dos hogueras entre las que los druidas hacían pasar al ganado sí están en un glosario antiguo, solo que son de Beltaine, la fiesta de mayo [25].
El segundo inventa al dios. Charles Vallancey era un ingeniero militar británico destinado en Irlanda, aficionado a las antigüedades y convencido de que el irlandés venía del fenicio. Hacia 1783 publicó que Samhain era un dios, Baal-Samhan, que en estas fechas llamaba a las almas a juicio y al que por eso se llamaba Balsab, Dominus mortis, porque bal sería «señor» y sab, «muerte» [26]. Ningún texto irlandés antiguo menciona a ese dios, pero saltó de libro en libro hasta los folletos del siglo XX que tachaban Halloween de fiesta satánica. Le pasa mucho a los monstruos que el rasgo que parece más antiguo sea el último en llegar, como a Drácula y el sol, una regla que inventó el cine en 1922.

El tercero es John Rhys, profesor galés de lenguas celtas en Oxford, que en unas conferencias de 1886 sostuvo que Samhain era el año nuevo celta. Una de sus pruebas era una frase del glosario de Cormac que no decía lo que él necesitaba, y Rhys lo reconoce en una nota a pie de página en la que propone corregir el original, «muy ligeramente», para que lo diga [27]. Años después añadió a un granjero de la isla de Man cuyo amo llamaba al primero de noviembre día de Año Nuevo, porque terminaban los arriendos y los criados cambiaban de casa [28], un año de contratos agrícolas y poco más.
El cuarto es James George Frazer, el autor de La rama dorada. En la edición de 1913 junta a Rhys y a Keating y concluye que los celtas parecen haber empezado el año en Samhain. Sobre los muertos escribe que «difícilmente podemos dudar» de que los santos, que se han adueñado del primero de noviembre, se lo arrebataron a las almas de los muertos, sus dueñas originales [29]. Ese «difícilmente podemos dudar» es toda la prueba que ofrece.
Así queda montada la versión de cada octubre, con su año nuevo celta, sus druidas, su dios de la muerte y una Iglesia que lo tapa todo con Todos los Santos. La web de un canal de historia estadounidense muy conocido la resume en una línea («los celtas, que vivieron hace 2.000 años, celebraban su año nuevo el 1 de noviembre») sin citar nada [30], y en muchas webs en español los dos mil ya son tres mil. Lo más antiguo que tenemos es la palabra de la placa gala, de hace unos mil ochocientos años, y ni siquiera sabemos si era la misma fiesta. Pasa lo mismo con los siete monstruos guaraníes, que parecen de siempre y también tienen autor y fecha.
Halloween en América Latina: México y Brasil
Al sur, Halloween llegó tarde y se encontró la casa ocupada. El antropólogo Stanley Brandes cuenta que en el centro y el sur de México los disfraces y las calabazas solo se volvieron parte obvia de las fiestas de octubre en los años noventa, con el Tratado de Libre Comercio, los migrantes que volvían del norte y la televisión estadounidense. En Tepoztlán, en Morelos, un mural mostraba a un futbolista que derribaba de una patada a un personaje con cabeza de calabaza junto al letrero «No al Halloween. Conserva tus tradiciones», y en Oaxaca un concurso de altares descalificaba los que tuvieran «elementos ajenos a nuestra tradición» [31].
La ironía es que el Día de Muertos y Halloween salen de la misma raíz, Todos los Santos y Fieles Difuntos, y pedir de casa en casa por Difuntos ya era costumbre católica mucho antes del truco o trato. En los barrios obreros de los noventa, los niños salían a pedir «su jalouín» con calabacitas de plástico [31]. En Brasil, la ley 11.669 de 2004 del estado de São Paulo declaró el 31 de octubre Día del Saci, el duende de una sola pierna de su folclore [32], y la norma que lo incluyó en el calendario turístico explica que la fecha se eligió «em contraponto» a Halloween [33]. El Día de Muertos merece su historia entera, y se la dedico al próximo episodio, el del Mictlán.
La vuelta a Europa y el Samaín gallego
Después, Halloween volvió a Europa con acento americano. Irlanda y Escocia recibieron su propia fiesta con calabaza en lugar de nabo, y a España llegó en los años noventa con las clases de inglés y el cine. En Galicia se celebra hoy el Samaín como fiesta celta. Las calabazas y los nabos vaciados con una vela por Difuntos sí existían, con nombres locales como caveiras o calacús, pero ningún diccionario gallego antiguo recogió la palabra Samaín: la puso en circulación en 1990 un maestro de Cedeira, Rafael López Loureiro, después de que su hija volviera de clase de inglés con una calabaza de Halloween [34]. Antes, en España esos días eran de cementerios y castañas, y los miedos con papeles detrás eran otros, como los que deja la historia de las brujas de Zugarramurdi en los legajos de la Inquisición.
A mí la historia de verdad me gusta más que las dos versiones de octubre, porque es mucho más rara. Halloween es una noche que los irlandeses llamaban Samhain, en la que se juntaban los reyes y se abrían las colinas, que la Iglesia fue llenando de santos y de difuntos, que los campesinos celebraron durante siglos con nueces y nabos, que cruzó el Atlántico con los que huían del hambre y a la que unos eruditos le fabricaron entre 1634 y 1913 un pasado druídico que ningún monje había escrito. Si a Vallancey le bastaron dos sílabas para inventar un dios que lleva más de doscientos años asustando a la gente, ¿cuántas de las cosas que repetimos cada otoño resistirían la pregunta de en qué libro salieron por primera vez?
Preguntas Frecuentes
¿Cómo se pronuncia Samhain?
En irlandés moderno, aproximadamente «sáuin», porque la mh se lee como una u. La lectura «sám-jein», frecuente entre angloparlantes, se considera incorrecta. En la Edad Media la palabra se escribía Samain y sonaba más bien «sávin».
¿Halloween es una fiesta satánica?
No. Su nombre es cristiano, «víspera de Todos los Santos», y las costumbres documentadas son adivinaciones de boda, juegos, hadas y bromas. La idea satánica nace del dios inventado por Vallancey en el siglo XVIII y de folletos religiosos del siglo XX.
¿Qué es Oíche Shamhna?
Es el nombre irlandés de la noche del 31 de octubre, literalmente «la noche de Samhain». En Irlanda se sigue usando hoy para Halloween, y el mes de noviembre se llama Samhain.
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