Caperucita Roja original: la versión oscura en la que la niña se salva sola
Antes de Perrault y de los Grimm, Caperucita no tenía caperuza ni cazador. En la versión de los campesinos franceses, la niña está sola en la cama con el lobo y sale de allí con una mentira y un hilo de lana.
¿Quién salva a Caperucita Roja? Casi todos contestamos sin pensarlo que un cazador que pasa por allí, oye ronquidos y le abre la barriga al lobo. En la versión que los folcloristas consideran la más antigua, la que se contaba en las aldeas de Francia, ese hombre no existe. La niña está sola en una cama con el lobo, sin nadie que vaya a entrar por la puerta, y sale de allí con una mentira y un hilo de lana.
Esa Caperucita Roja original tampoco lleva caperuza de ningún color, y su historia es bastante más incómoda que la de los libros infantiles. Este artículo la cuenta entera y luego sigue el final de mano en mano, de los campesinos a Charles Perrault, de Perrault a un poeta romántico alemán y de ahí a los hermanos Grimm, para ver quién le quitó a la niña su propio final y qué puso cada uno en su lugar.
El cuento entero, escena por escena, está en el vídeo El mito de Caperucita: Lo que realmente pasó en el bosque; si lo prefieres en audio, está en el episodio del podcast.
¿Cómo era la Caperucita Roja original?
Se llama «Le conte de la mère-grand», el cuento de la abuela, y lo apuntó el folclorista Achille Millien en el Nivernais, en el centro de Francia, hacia 1870 [1]. Empieza como empiezan todas: una madre hornea pan y manda a su hija a casa de la abuela con una hogaza caliente y una botella de leche. La niña no tiene nombre. En un cruce de caminos la está esperando el bzou, una palabra del habla de aquella región que los traductores vierten como hombre lobo [2].
El bzou le pregunta adónde va y, cuando ella se lo dice, le hace una pregunta que en los libros de hoy no está: ¿qué camino vas a tomar, el de las agujas o el de los alfileres? La niña elige el de las agujas y se entretiene recogiéndolas una a una. El lobo toma el de los alfileres y llega antes [1].

Lo que pasa en la casa es lo que ningún editor del siglo XIX se atrevería a poner en un libro para niños. El lobo mata a la abuela, guarda parte de su carne en el arcón y una botella de su sangre en el estante, se mete en la cama y espera. Cuando llega la niña, la voz de la cama le dice que coma de la carne que hay en el arcón y que beba del vino que hay en el estante. Ella come y bebe. En un rincón, una gatita lo ve todo y grita algo así como «¡puaj, cochina, que se come la carne y se bebe la sangre de su abuela!» [1]. La niña no contesta, y el cuento no dice si la ha oído.

Después llega la orden de desnudarse y meterse en la cama. La niña pregunta dónde deja el delantal, y la voz contesta: échalo al fuego, hija, ya no lo vas a necesitar. Pregunta por el corpiño y la respuesta es la misma, y lo mismo con el vestido, con la enagua y con las medias [1]. El cuento repite la fórmula tantas veces como prendas lleva la niña, y quien lo oyera junto a la lumbre sabía muy bien qué estaba ardiendo.
Ya en la cama viene el diálogo que sí conoces, aunque con otras palabras. Abuela, qué peluda eres. Es para darme calor. Qué uñas tan largas, para rascarme mejor. Qué hombros tan anchos, para cargar la leña. Qué orejas tan grandes, para oírte mejor. Qué agujeros tan grandes en la nariz, para aspirar mi tabaco. Qué boca tan grande, para comerte mejor, hija [1]. Es el segundo exacto en que, en los libros, alguien tiene que entrar por la puerta.
¿Cómo se salva la niña sin cazador?
Aquí no entra nadie. La niña dice que tiene muchas ganas de salir afuera, y el lobo, que la entiende perfectamente, le contesta que lo haga en la cama. Ella insiste. El lobo cede con una condición: le ata un hilo de lana al pie y se queda con la otra punta, de modo que, mientras note peso al tirar, sabrá que la niña sigue ahí [1].
En el patio hay un ciruelo. La niña se desata el hilo, lo anuda al tronco y echa a correr. Dentro, el lobo se impacienta, tira, nota que el hilo aguanta y le grita hacia el patio: «¿Estás haciendo cuerdas?», que era una manera de preguntar si ya terminaba de hacer sus necesidades [2]. Nadie contesta. Al rato vuelve a gritar lo mismo, y otra vez nada. Cuando por fin salta de la cama y sale, se encuentra el hilo atado al ciruelo. La persigue por el camino y llega a la casa de la niña justo cuando ella entra [1].

En esta versión nadie llega a tiempo, porque nadie viene. Una niña que acaba de comerse sin saberlo a su abuela, desnuda y encerrada con un asesino, sale de ahí con una excusa y un nudo. Para mí es la mejor escena de todo el cuento, y también la que mejor explica por qué desapareció.
¿Qué significan las agujas y los alfileres?
Nadie dentro del cuento lo explica, y fuera tampoco hay acuerdo. La antropóloga francesa Yvonne Verdier, que estudió los cuentos de esas aldeas, leyó el camino de las agujas y el banquete caníbal como piezas de una misma historia: un relevo entre generaciones de mujeres, en el que la niña ocupa el lugar de la abuela, a la que literalmente incorpora [3]. Hay quien añade que las agujas y los alfileres remiten a la costura y al aprendizaje de las chicas del pueblo, aunque esa lectura se repite más de lo que se documenta. Bueno, quizá eso sea injusto, porque el texto completo de Verdier no es fácil de conseguir; por eso prefiero dejarlo como pregunta. Si a ti se te ocurre otra explicación, aquí no sobra ninguna.
¿Es de verdad la versión más antigua de Caperucita?
Hay que hacer una aclaración, porque es justo hacerla. El cuento de la abuela se apuntó en el siglo XIX, casi dos siglos después del libro de Perrault, y lo publicó Paul Delarue ya en los años cincuenta del siglo XX [1]. Si se considera la forma más antigua es porque conserva lo que las versiones escritas fueron quitando. El antropólogo Jamshid Tehrani comparó en 2013 decenas de versiones de todo el mundo con los métodos que usa la biología para trazar el árbol de las especies, y concluyó que la Caperucita de los libros y la de los campesinos descienden de un antepasado común, de modo que ninguna copia de la otra [4]. El mismo estudio descarta, por cierto, que el cuento venga de la «abuela tigre» de Asia oriental, que resulta ser una mezcla posterior de dos tipos de cuentos [4].
El texto escrito más antiguo con una niña de rojo entre lobos es muy anterior. Hacia el año 1023, un maestro de escuela de Lieja, en la actual Bélgica, llamado Egbert, escribió para sus alumnos un libro de versos en latín, la Fecunda ratis. En uno de ellos cuenta que a una niña su padrino le regaló el día del bautizo una túnica de lana roja, que a los cinco años salió a vagar sola y que un lobo se la llevó a su guarida para que se la comieran sus crías. Los lobeznos le acarician la cabeza en vez de morderla, y ella les pide muy seria que no le rompan la túnica que le regaló su padrino. A los lobos los llama ratones [5].

Aquí la salva Dios, según la moraleja del maestro, que amansa a las fieras. No hay abuela ni disfraz, y para Tehrani es un pariente del cuento, no su antepasado directo [4]. Pero hay una niña, un lobo, una prenda roja y ningún hombre que venga a rescatarla. Y Egbert deja escrito algo que a mí me parece precioso, que lo que va a contar lo saben contar con él los campesinos [5]. Hace mil años, el primero que lo puso por escrito ya avisaba de que no se lo había inventado.
¿Qué cambió Perrault en Caperucita Roja?
París, 1697. Un señor de casi setenta años que había servido durante décadas a la administración de Luis XIV publica un librito de cuentos, las Histoires ou contes du temps passé. Se llama Charles Perrault, y su público no son campesinos junto al fuego sino los salones de la capital, donde los cuentos de viejas se habían puesto de moda. Perrault toma la historia de la niña y el lobo y le hace tres cosas. Quita la carne y la sangre de la abuela. Quita la excusa de salir al patio, que en un salón no se cuenta. Y le pone a la niña una caperuza roja, el chaperon que le da nombre para siempre [6].

https://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/1/1e/Le_Petit_Chaperon_rouge_%28Perrault%2C_manuscrit_de_1695%29.jpgPor el camino se pierde algo más. En Perrault la niña acaba en la cama con el lobo, y tras las preguntas de siempre el lobo malvado se lanza sobre Caperucita Roja y se la come [6]. Fin. El hilo y el ciruelo se han quedado en la aldea. La niña que sabía pensar ha desaparecido, y en su lugar queda una niña que se equivoca y lo paga. Para que nadie se pierda la lección, Perrault añade unos versos dirigidos a las muchachas: hay lobos de muchas clases, y los más peligrosos son los lobos melosos, los educados y complacientes, que las siguen hasta las casas y hasta las alcobas [6]. El lobo ya no es un hombre lobo de cruce de caminos, sino un caballero de París, y la culpa, en esta versión, es de la niña por pararse a hablar con él.
Es el mismo movimiento que se repite con otros cuentos de los salones franceses, y basta comparar con el cuento original de la Bella y la Bestia para reconocer la mano que pule y moraliza. Lo curioso es que, con todo eso, Perrault tampoco puso al cazador.
¿Quién inventó al cazador de Caperucita Roja?
El cazador llega un siglo después, y llega tarde. En 1800, el poeta alemán Ludwig Tieck convierte el cuento en una pequeña tragedia para leer, Vida y muerte de la pequeña Caperucita Roja. Al final, un cazador oye lo que pasa, apunta por la ventana y dispara. El lobo cae muerto, pero unos pájaros ya le han contado que se ha despedazado a la niña [7]. El primer cazador de esta historia mata al lobo y no salva a nadie.

Doce años después, en 1812, Jacob y Wilhelm Grimm publican el primer tomo de sus Kinder- und Hausmärchen, los cuentos para la infancia y el hogar. Caperucita es el número 26. No se la contó ninguna anciana de pueblo. Según el folclorista D. L. Ashliman, se la contaron dos hermanas jóvenes de una familia culta de su ciudad, Jeanette y Marie Hassenpflug [2]. La primera parte, de hecho, se parece mucho a la de Perrault. Quien quiera saber más de esas mujeres tiene un artículo sobre las informantes de los Grimm.
Pero los Grimm no la dejan morir. El lobo se come a la abuela, se come a la niña y se echa a dormir. Un cazador que pasa oye unos ronquidos tremendos, entra, encuentra al lobo en la cama, levanta la escopeta y entonces piensa que no va a disparar, porque a lo mejor se ha comido a la anciana. Saca unas tijeras y empieza a abrirle la barriga. A los pocos cortes ve brillar la caperuza roja. Salen la niña y la abuela, vivas, y la niña va a buscar piedras grandes para llenarle la tripa al lobo, que al despertar quiere huir y cae muerto con el peso [8].

https://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/3/3a/Kinder_und_Hausm%C3%A4rchen_%28Grimm%29_1812_I_113.jpgEl segundo final de los Grimm, sin cazador
Los Grimm añadieron en ese mismo libro un segundo final que casi nadie conoce. Otro día, otro lobo intenta engañar a Caperucita. Esta vez ella no se para: va derecha a casa de la abuela, se lo cuenta y las dos cierran la puerta. El lobo se sube al tejado a esperar. La abuela le dice a la niña que llene la gran artesa de piedra que hay delante de la casa con el agua en la que había cocido unas salchichas. Al lobo le llega el olor, estira el cuello, resbala del tejado, cae dentro y se ahoga [8].
La abuela y la nieta solas, sin cazador. Según la lectura de Zipes, ni siquiera aquí la niña se basta sola, porque sin la abuela no puede [9]. Esa parte se fue cayendo de los libros para niños, y el cazador se quedó. Algo parecido le pasó a la historia real de Cenicienta: de cientos de versiones, la que sobrevivió fue la que más convenía contar.

https://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/b/bf/GustaveDore_She_was_astonished_to_see_how_her_grandmother_looked.1.jpg¿Por qué cada época cambió el final de Caperucita?
Así que la respuesta a la pregunta del principio tiene dos nombres. Perrault le quitó a la niña su propio final y la dejó morir para dar una lección a las muchachas de París. Los Grimm le devolvieron la vida, pero se la debía a otro. El estudioso estadounidense Jack Zipes, que ha dedicado media vida a este cuento, describe el recorrido así: el cuento oral celebraba la autosuficiencia de una joven campesina, Perrault la volvió indefensa para su público de clase alta y los Grimm la hicieron salvar por un cazador [10] [9].
Visto de lejos, cada época le puso a Caperucita el final que necesitaba enseñar. Los campesinos enseñaban que el mundo está lleno de lobos y que hay que usar la cabeza para salir entera. Perrault, que no te pares a hablar con desconocidos. Los Grimm, que alguien vendrá. No es el único monstruo al que le pasa, y la historia de los vampiros es otro buen ejemplo de criatura que cambia de forma según quién la cuenta y para quién. Tampoco es la única niña que sale sola de la casa del monstruo: en el folclore ruso, Vasilisa entra en la cabaña de la bruja y vuelve con vida gracias a su ingenio y a una muñeca, como cuenta la leyenda de Baba Yaga.
Seguimos contando Caperucita por la noche, a niños que no se quieren dormir, con el cazador entrando por la puerta en el último momento, y es un final que consuela, cómo no va a consolar, aunque cada vez que lo leas en voz alta quizá merezca la pena acordarse de que hubo otra versión, más vieja y más rara, en la que la niña no necesitaba que entrara nadie. Le bastaba con tener ganas de ir al patio. ¿Cuál de los dos finales le estamos contando hoy a los niños, y qué les estamos enseñando con él?
Preguntas Frecuentes
¿Caperucita Roja es de los hermanos Grimm?
No del todo. Los Grimm publicaron su versión en 1812, más de un siglo después de la de Perrault (1697), y la primera parte de la suya deriva de él. El cuento oral francés es anterior a los dos.
¿Cómo termina la Caperucita Roja de Perrault?
Mal para la niña: el lobo se la come y no aparece nadie a rescatarla. El cuento cierra con una moraleja en verso que avisa a las jóvenes contra los lobos melosos.
¿Qué es el bzou?
Es el nombre que recibe el lobo en el cuento de la abuela recogido en el Nivernais. Los traductores lo vierten como hombre lobo, aunque más adelante el propio cuento lo llama simplemente lobo.
Fuentes y referencias bibliográficas
- Le conte de la mère-grand. En: Il était une fois… les contes de fées. París: Bibliothèque nationale de France; 2001 [citado 2026 Nov 3].
- Ashliman DL. Little Red Riding Hood and other tales of Aarne-Thompson-Uther type 333. Pittsburgh: University of Pittsburgh [citado 2026 Nov 3].
- Verdier Y. Little Red Riding Hood in oral tradition. Marvels Tales. 1997;11(1). Original: Grands-mères, si vous saviez… Le Petit Chaperon rouge dans la tradition orale. Cahiers de littérature orale. 1978;(4).
- Tehrani JJ. The phylogeny of Little Red Riding Hood. PLoS One. 2013;8(11):e78871.
- Voigt E, editor. Egberts von Lüttich Fecunda ratis. Halle: Niemeyer; 1889. Libro I, vv. 472-485.
- Perrault C. Le petit chaperon rouge. En: Histoires ou contes du temps passé. Avec des moralitez. París: Claude Barbin; 1697. p. 47-56.
- Tieck L. Leben und Tod des kleinen Rothkäppchens. Eine Tragödie. En: Romantische Dichtungen, t. 2. Jena: Frommann; 1800.
- Grimm J, Grimm W. Rothkäppchen. En: Kinder- und Hausmärchen, t. 1. Berlín: Realschulbuchhandlung; 1812. p. 113-118.
- Little Red Riding Hood: literature review. Minneapolis: University of Minnesota Libraries [citado 2026 Nov 3].
- Zipes J. The Trials and Tribulations of Little Red Riding Hood. 2.ª ed. Nueva York: Routledge; 1993.