Mitología inca: los dioses de los Andes y cómo nos los contaron

Los incas no escribieron con letras: todo lo que sabemos de Viracocha, el Sol, la Pachamama o sus muertos lo contaron otros, cada uno con su interés. Este es el mapa de sus dioses, con quién lo cuenta y dónde se contradicen.

Una colina andina con tres aberturas de cueva en la ladera; de la del centro salen figuras humanas vestidas con tejidos de colores
La colina de las tres ventanas. Sarmiento la llama Tambo Toco, «la casa de las ventanas», y de la del centro habría salido el linaje de los incas. Ilustración IA generada para Mitos y Más.

Si buscas qué significa Viracocha, casi todas las páginas te dirán lo mismo: «espuma del mar». Esa traducción la escribió en 1553 un soldado español, Pedro Cieza de León, y en 1609 un cronista hijo de una princesa inca, el Inca Garcilaso, la desmontó con la gramática del quechua en la mano. Cuatro siglos después seguimos copiando la del soldado.

Con la mitología inca pasa algo así a cada paso. Los incas no escribieron con letras, así que todo lo que sabemos de sus dioses nos llegó contado por otros: conquistadores, frailes, cronistas mestizos e indígenas ya cristianos, cada uno con una idea de lo que estaba viendo y una razón para contarlo de una manera. Este artículo recorre los dioses principales de los incas, sus lugares sagrados y sus muertos, diciendo en cada caso quién lo cuenta y dónde se contradicen las fuentes, porque esa es la única forma honesta de contar esta mitología.

¿Quién contó la mitología inca?

No existe ningún texto escrito por los incas. Llevaban las cuentas en cuerdas anudadas, los quipus. La memoria religiosa pasaba por los sacerdotes, los linajes y las fiestas. Lo que leemos hoy son crónicas escritas entre 1534 y 1653, y conviene conocer a sus autores antes que a los dioses.

Juan de Betanzos escribió en 1551 su Suma y narración de los Incas; hablaba quechua, y recoge sobre todo la versión de la nobleza del Cuzco [1]. Pedro Cieza de León, soldado y cronista de oído fino, publicó en 1553 la primera parte de su Crónica del Perú, aunque lo ve todo en clave cristiana: para él, el demonio había tenido un poder grandísimo sobre aquellas gentes [2]. Pedro Sarmiento de Gamboa escribió en 1572 por encargo del virrey Toledo, que quería demostrar que los incas habían sido tiranos [3]. El clérigo Cristóbal de Molina, que hablaba quechua y entrevistó a ancianos de la época inca, terminó hacia 1575 su Relación de las fábulas y ritos de los incas [4].

Ya en el siglo XVII llegaron tres autores de dentro: el Inca Garcilaso de la Vega, mestizo, que publicó sus Comentarios Reales en Lisboa en 1609, a casi cincuenta años de haber salido del Perú y con la voluntad de presentar a los incas como una especie de Roma andina [5]; Juan de Santa Cruz Pachacuti Yamqui, indígena cristiano que leía el pasado inca como una preparación para el Evangelio; y Felipe Guamán Poma de Ayala, noble andino, cristiano ferviente y bastante hostil a los incas. Cierra la lista el jesuita Bernabé Cobo, que en 1653 recopiló con rigor fuentes hoy perdidas, aunque llama a los ritos «boberías». Ninguno es neutral, y casi todo lo interesante sale de compararlos.

¿Quién es Viracocha, el dios creador de los incas?

La versión más antigua del mito de Viracocha es la de Betanzos. Cuenta que al principio la tierra estaba a oscuras, sin luz ni día. De una laguna del Collao, el lago Titicaca, salió un señor llamado Con Ticci Viracocha y fue a Tiahuanaco. Ya había salido antes una vez, había hecho el cielo y la tierra y una gente que le hizo «cierto deservicio», y a esa gente la convirtió en piedra. Esta vez hizo el sol y el día, la luna y las estrellas [1].

Después, siempre según Betanzos, talló en piedra los bultos de cada nación, con sus mujeres preñadas y sus niños en la cuna, y mandó a sus ayudantes a llamar a cada pueblo para que saliera de las fuentes y los ríos, de las cuevas y los cerros. Él mismo echó a andar hacia el norte por el camino de la sierra, hizo caer fuego del cielo sobre un pueblo que no lo recibió, en Cacha. Al llegar a la costa de Puerto Viejo se metió en el mar y se fue andando sobre el agua como si fuera tierra [1].

La Puerta del Sol de Tiwanaku, un gran bloque de piedra tallada con una abertura y relieves en la parte superior, en el altiplano boliviano
La Puerta del Sol de Tiwanaku, junto al lago Titicaca. La ciudad es siglos anterior a los incas, que la incorporaron a su relato del origen del mundo; Cieza ya anotó que los indios le decían que todo aquello se había hecho en una sola noche. Bgabel, 2005 (dominio público). Imagen vía Wikimedia Commons. Archivo: https://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/5/58/Bol-tihuanaco-sonnentor.jpg

Lo que muchas webs cuentan como un solo mito es en realidad la suma de varias versiones que no coinciden. En Betanzos no hay diluvio. La primera humanidad se convierte en piedra, pero no se ahoga. El diluvio aparece en Molina, donde solo se salvan un hombre y una mujer metidos en una caja de tambor, y en Sarmiento, que lo llama uñu pachacuti, el agua que trastorna la tierra [4] [3]. Es una pieza más de el mito del diluvio que aparece en tantas culturas. Molina añade un detalle precioso: en Tiahuanaco el creador hizo de barro a cada nación y les pintó los trajes que tendrían que llevar, y luego los mandó bajo tierra para que salieran cada uno por su cueva, su cerro o su laguna. Los mayas contaban algo parecido con el hombre de maíz, el que salió bien después de varios intentos fallidos.

¿Y lo de «espuma del mar»? Cieza escribió que vira era manteca y cocha, mar; Sarmiento lo repitió [2]. Garcilaso contestó que los españoles se engañaban también en la composición, porque en quechua el término que califica va delante, y aquello significaría más bien «mar de sebo»; para él, Viracocha era un nombre propio, no una descripción [5]. El lingüista César Itier propone hoy otra lectura, algo así como «el mar de la gente del primer amanecer», que tampoco está cerrada [6]. Lo honesto es contar la traducción de los cronistas como lo que es: una etimología de la época, no el significado.

Queda una pregunta más incómoda, la de si Viracocha era de verdad el dios supremo de los incas. Las crónicas lo presentan así, como un Hacedor por encima del Sol y del Trueno. El historiador Pierre Duviols mostró en 1977 que los misioneros necesitaban un creador indígena con el que traducir a su Dios y que lo construyeron a partir de los títulos de Viracocha [7], e Itier lo ve como parte de un panteón de figuras que se desdoblan, no como un dios solitario [6]. Otros investigadores defienden un dios supremo andino muy antiguo. Lo que sí comparte con Brahma, el dios hindú al que nadie reza, es el gesto final: el creador termina su obra y se va.

Inti, el Sol que fundó una dinastía

Para los incas, el Sol no era solo un dios: era el padre de la familia reinante. Molina cuenta que, al subir al cielo, el Sol llamó a Manco Cápac y le dijo que lo tuviera por padre, y que de ahí les vino a los incas el apellido de Hijos del Sol [4]. Cobo lo llama Apu Inti, el Señor Sol. Según él, la Luna era su mujer y las estrellas, hijas de los dos; en el templo principal lo representaba una figura llamada Punchao [8]. Es un caso de manual de culto al sol puesto al servicio de un imperio, y la historia del propio dios del sol inca la contamos aparte.

Su casa era el Coricancha, la «casa de oro» del Cuzco, que Cobo comparaba con el Panteón de Roma porque guardaba también las imágenes de Viracocha, el Trueno y la Luna [8]. En 1533, tres españoles enviados desde Cajamarca arrancaron de una casa del Cuzco setecientas planchas de oro; el secretario de Pizarro, Francisco de Xerez, no dice qué casa era; es Cieza quien la identifica con el templo del Sol [9] [2]. Sobre sus muros se levantó el convento de Santo Domingo, que sigue allí.

Fotografía antigua en blanco y negro de muros de piedra inca perfectamente encajados bajo una construcción colonial, en el Cuzco
Los muros del templo del Sol bajo el convento de Santo Domingo, fotografiados en 1900. Cobo, que pasó por el Cuzco a principios del siglo XVII, todavía vio un resto de lámina de plata metido en la junta de dos piedras. Fernando Garreaud, 1900 (dominio público). Imagen vía Wikimedia Commons. Archivo: https://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/3/39/N%C2%B0_349._C%C3%BAzco%2C_Ruinas_del_Templo_del_S%C3%B3l.png

La gran fiesta del Sol era el Inti Raymi. Guamán Poma la sitúa en junio, el mes en que se sacrificaba al Sol, y se suele asociar al solsticio de invierno del hemisferio sur, aunque las crónicas hablan del mes y no del día exacto [10]. Las autoridades coloniales suprimieron el culto público al Sol en la segunda mitad del siglo XVI; la fecha de 1572 que circula por todas partes no aparece en ningún documento que se haya citado. El Inti Raymi que hoy se celebra en Sacsayhuamán es una recreación que se estrenó el 24 de junio de 1944, con un guion de Faustino Espinoza Navarro basado sobre todo en Garcilaso [11]. Es una fiesta viva y hermosa, pero no una ceremonia inca conservada.

La Luna, el Trueno, el Mar y la Tierra

Mama Quilla, la Luna, era la esposa del Sol. Cobo cuenta que la imaginaban con forma de mujer, que su imagen en el templo estaba al cuidado de sacerdotisas, y que durante los eclipses creían que un puma o una serpiente la atacaba, así que gritaban, hacían aullar a los perros y lanzaban flechas al cielo para espantarlo [8].

Illapa, el Trueno, ocupaba el tercer lugar. Lo imaginaban como un hombre hecho de estrellas, con una maza y una honda. El chasquido de la honda era el trueno; el agua de la lluvia la sacaba del río del cielo, la Vía Láctea. Según Cobo, el Inca Pachacútec lo tomó por hermano, le hizo una estatua de oro y lo llevaba a la guerra, y los niños nacidos en el campo durante una tormenta quedaban consagrados a él [8].

La Mama Cocha, la Madre Mar, era sobre todo la diosa de los pescadores de la costa, y los de la sierra le hacían reverencia cuando la veían. Y todos adoraban a la tierra, la Pachamama, en cuyo honor ponían una piedra larga en medio de los campos como altar [8]. El culto que hoy recibe la Pachamama en agosto viene de ahí, aunque ha pasado por cuatro siglos de mezcla con el catolicismo y no conviene proyectarlo sin más sobre la época inca.

¿Qué eran las huacas y los ceques?

Una huaca era cualquier cosa en la que residía lo sagrado: una piedra, una fuente, un cerro, una cueva, la tumba de un antepasado o el lugar donde había pasado algo memorable. En el Cuzco estaban organizadas. Del templo del Sol salían, según Cobo, unas líneas imaginarias llamadas ceques, cada una al cuidado de un linaje, y a lo largo de ellas se alineaban las huacas de la ciudad [8].

Una gran piedra en lo alto de un cerro andino, con pequeñas ofrendas a su alrededor y montañas nevadas al fondo
Una huaca en lo alto de un cerro. Muchas eran piedras como esta, sin tallar ni adornar: lo que las hacía sagradas era su historia, no su forma. Ilustración IA generada para Mitos y Más.

Las cifras bailan un poco, y conviene decirlo. El desglose del propio Cobo suma 41 ceques, pero su resumen habla de cuarenta y de 333 huacas, o de 350 si se cuentan los mojones del calendario. El arqueólogo Brian Bauer cuenta 328 huacas en 42 ceques [12]. Lo seguro es que el Cuzco era un mapa sagrado de unas trescientas y pico huacas que, además de ordenar el culto, repartía obligaciones entre los linajes de la ciudad.

Los muertos que seguían gobernando: mallquis y momias reales

En los Andes los muertos no se iban del todo, y los de la familia real todavía menos. Los antepasados se conservaban envueltos en tejidos, se les daba de comer y se les consultaba; los curas los llamaban mallquis. Cada Inca muerto conservaba sus bienes, y su linaje se ocupaba de él. Cuando los misioneros quisieron convertir a aquellos abuelos en almas condenadas, la palabra que usaron fue la que los nombraba: es la historia de qué era Supay antes de que lo convirtieran en el diablo [13].

El cuerpo de un antepasado envuelto en mantas tejidas de colores, sentado junto a una pared de piedra, con un cuenco de comida delante
Un mallqui, el cuerpo de un antepasado envuelto en sus tejidos. Los visitadores del siglo XVII los buscaban en cuevas y casas de piedra para quemarlos; en Lima, los cuerpos de los reyes acabaron en un hospital donde nadie ha vuelto a encontrarlos. Ilustración IA generada para Mitos y Más.

Garcilaso dejó un testimonio que estremece. A principios de 1560, antes de embarcarse para España, fue a despedirse del corregidor Polo de Ondegardo, que el año anterior había descubierto varias momias reales, y este le dijo que entrara en un aposento a ver a algunos de los suyos. Encontró cinco cuerpos, tres reyes y dos reinas, sentados con las manos cruzadas y los ojos bajos, tan enteros que no les faltaba ni una pestaña [5]. Ese mismo año las llevaron a Lima y las depositaron en el Hospital de San Andrés. Bauer y Coello las buscaron allí en excavaciones recientes, sin encontrarlas [14].

¿De dónde salieron los incas?

Hay dos tradiciones, y las dos están en las crónicas. La de Betanzos y Sarmiento cuenta que, cerca del Cuzco, se abrió una cueva en un lugar llamado Pacaritambo, la «casa de producimiento», y que de ella salieron cuatro hermanos con sus cuatro hermanas: los Ayar. Uno derribaba cerros con su honda y los otros lo encerraron en la cueva; otro se convirtió en piedra en el cerro Huanacauri; y el último, Ayar Manco, llegó al valle y fundó la ciudad con el nombre de Manco Cápac [1] [3]. La otra, la que más se repite hoy, es la de Garcilaso: el Sol, compadecido de unos hombres que vivían como animales, dejó a dos hijos suyos en el lago Titicaca con una barra de oro que debía hundirse en la tierra donde tuvieran que fundar la corte [5]. Las dos versiones de Manco Cápac y Mama Ocllo conviven sin problema, y Molina incluso las une: el creador hace a los incas en Tiahuanaco y los manda salir por la cueva de Pacaritambo [4].

Al Sol y a las huacas también se les ofrecían vidas. En la ceremonia llamada capacocha se sacrificaba a niños elegidos, y el estudio de tres niños hallados congelados en la cima del volcán Llullaillaco mostró en su cabello un consumo creciente de coca y alcohol antes de su muerte [15]. Es la cara más dura de esta religión, y la tratamos con detalle en los sacrificios humanos de los incas.

¿Existían de verdad los tres mundos incas?

En cualquier infografía de la mitología inca aparecen tres pisos: el Hanan Pacha arriba, el Kay Pacha en medio y el Uku Pacha abajo, con un cóndor, un puma y una serpiente. Las palabras existían, pero el esquema ordenado de cielo, tierra e infierno se parece demasiado al de la catequesis, y buena parte de la investigación lo considera una sistematización colonial. El primer libro impreso en Sudamérica, el catecismo de 1584, mandó a Satanás al Uku Pacha. El mundo de dentro de la tierra, que era el de los antepasados y las pacarinas, pasó a ser el infierno [13].

Las fuentes de la época dejan ver las costuras. Garcilaso llama Hurin Pacha, «mundo bajo», a la tierra donde vivimos, no al subsuelo [5]. Guamán Poma, en una oración que atribuye a los primeros indios, pregunta al creador si está en el Hanan Pacha, en el Uku Pacha o en el «ticze caylla pacha», un término distinto del que se usa hoy, y lo hace en una página que empieza con Adán, Eva y Noé [10]. Y el dibujo cosmológico de Pachacuti Yamqui, la imagen más citada del cosmos inca, organiza el mundo en dos mitades, la de arriba y la de abajo, no en tres pisos [16].

Dibujo a tinta de un esquema cosmológico con el sol, la luna, estrellas, figuras y palabras en quechua dispuestas a ambos lados de un eje
El dibujo del altar del templo del Sol que Pachacuti Yamqui copió hacia 1613, en la edición impresa de 1879. A un lado el Sol y al otro la Luna, arriba lo celeste y abajo la tierra y las aguas: un cosmos de parejas más que de pisos. Juan de Santa Cruz Pachacuti Yamqui (dominio público). Imagen vía Wikimedia Commons. Archivo: https://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/e/e8/Santa_Cruz_Pachacuti_Yamqui_Pachamama.jpg

Nada de esto quiere decir que la mitología inca sea un invento de los españoles. Quiere decir que nos llega como una carta escrita por varias manos, algunas de las cuales tenían interés en cambiar el contenido, y que leerla bien consiste en reconocer la letra de cada una. Detrás de los frailes, de los soldados y de los cronistas mestizos se sigue oyendo a la gente que salía de su cueva o de su laguna, que daba de comer a sus abuelos muertos y que le ponía nombre a cada piedra del camino. La próxima vez que leas que Viracocha significa «espuma del mar», pregúntate quién lo escribió, en qué año y para quién. ¿No es eso, al final, lo que hacemos con cualquier historia que nos llega de segunda mano?

Preguntas Frecuentes

¿Cuál era el dios más importante de los incas?

Depende de la fuente. Las crónicas ponen a Viracocha por encima de todos como creador, pero en el culto oficial el gran protagonista era el Sol, Inti, padre de la dinastía y dueño del Coricancha. Garcilaso, por su parte, prefería a Pachacámac como dios supremo.

¿Qué significa Viracocha?

No se sabe con seguridad. Los cronistas españoles lo traducían como «espuma del mar» o «grasa del mar», pero ya Garcilaso rechazó esa lectura en 1609, y los lingüistas actuales proponen otras. Lo más prudente es tratarlo como un nombre propio.

¿El Inti Raymi de Cusco es una ceremonia inca?

Es una recreación moderna. Se celebra cada 24 de junio desde 1944, con un guion basado en las crónicas, sobre todo en Garcilaso. La fiesta inca original se dejó de celebrar en público durante la época colonial.


Fuentes y referencias bibliográficas

  1. Betanzos J de. Suma y narración de los Incas (1551). Jiménez de la Espada M, editor. Madrid: Manuel G. Hernández; 1880.
  2. Cieza de León P. Segunda parte de la Crónica del Perú, que trata del señorío de los Incas Yupanquis (c. 1553). Jiménez de la Espada M, editor. Madrid: Manuel G. Hernández; 1880.
  3. Sarmiento de Gamboa P. History of the Incas (1572). Markham CR, traductor. Cambridge: Hakluyt Society; 1907.
  4. Molina C de. Relación de las fábulas y ritos de los incas (c. 1575). Jiménez del Campo P, editora. Madrid/Frankfurt: Iberoamericana/Vervuert; 2010.
  5. Garcilaso de la Vega I. Primera parte de los Comentarios reales de los Incas. Lisboa: Pedro Crasbeeck; 1609.
  6. Itier C. Viracocha o el océano. Naturaleza y funciones de una divinidad inca. Lima: IFEA / IEP; 2012.
  7. Duviols P. Los nombres quechua de Viracocha, supuesto «Dios creador» de los evangelizadores. Allpanchis. 1977;9(10):53-63.
  8. Cobo B. Historia del Nuevo Mundo (1653). Jiménez de la Espada M, editor. Sevilla: Sociedad de Bibliófilos Andaluces; 1890-1895. T. III-IV.
  9. Xerez F de. Verdadera relación de la conquista del Perú. Sevilla: Bartolomé Pérez; 1534.
  10. Guamán Poma de Ayala F. El primer nueva corónica y buen gobierno (c. 1615). Copenhague: Det Kongelige Bibliotek, GKS 2232 4º [citado 2026 Oct 11].
  11. Peru's Inti Raymi: how this festival shapes Cusco's identity. Agencia Andina. 2024 [citado 2026 Oct 11].
  12. Bauer BS. The Sacred Landscape of the Inca: The Cusco Ceque System. Austin: University of Texas Press; 1998.
  13. Taylor G. Supay. Amerindia. 1980;5.
  14. Bauer BS, Coello Rodríguez A. The Hospital of San Andrés (Lima, Peru) and the Search for the Royal Mummies of the Incas. Fieldiana Anthropol. 2007;39:1-31.
  15. Wilson AS, Brown EL, Villa C, Lynnerup N, Healey A, Ceruti MC, et al. Archaeological, radiological, and biological evidence offer insight into Inca child sacrifice. Proc Natl Acad Sci U S A. 2013;110(33):13322-7.
  16. Santa Cruz Pachacuti Yamqui Salcamaygua J de. Relación de antigüedades deste reyno del Piru (c. 1613). Duviols P, Itier C, editores. Lima/Cusco: IFEA / CBC; 1993.
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