Mitología siberiana: el árbol del mundo, los tres cosmos y el origen real de la palabra «chamán»
La palabra «chamán» no es un término genérico: viene del evenki, una lengua de la taiga siberiana. Todo lo demás que hoy carga esa palabra se le añadió fuera de Siberia, y casi siempre sin preguntar.
La palabra que hoy aparece en folletos de retiros de fin de semana viene de una lengua tungúsica hablada en la taiga por unos pocos miles de personas. Šamán, en evenki, designaba a un especialista concreto con un oficio concreto. Todo lo demás que carga esa palabra se le añadió a miles de kilómetros de allí.
La mitología siberiana tiene el problema contrario al de la griega. La griega se conoce demasiado bien y por eso cuesta contarla de nuevo; la siberiana se conoce a través de una única palabra que se hizo mundialmente famosa y arrastró consigo un malentendido enorme. Merece la pena empezar por lo que hay debajo.
¿Qué es la mitología siberiana y por qué no hay solo una?
Siberia es mayor que Europa entera y en ella conviven familias lingüísticas sin parentesco entre sí. Los evenki y los evenos hablan lenguas tungúsicas; los yakutos o sajá, una lengua turca; los nénets y los janti, lenguas urálicas; los nganasán, los ket y los chukchi pertenecen a grupos distintos otra vez. Hablar de «la mitología siberiana» es como hablar de la mitología mediterránea: sirve para orientarse, y en cuanto se aprieta un poco se rompe en piezas.
Dicho eso, hay rasgos que reaparecen de un extremo al otro con una insistencia que no parece casual. Un cosmos de tres pisos: mundo superior, mundo medio habitado y mundo inferior. Un eje vertical que los une, casi siempre un árbol o un río. Espíritus dueños de los animales y de los lugares, con los que hay que negociar antes de cazar. Y una figura capaz de moverse por esos pisos y volver para contarlo.
Los relatos de creación suelen prescindir de la fabricación desde la nada. En muchas versiones, un ave se sumerge en el agua primordial y sube barro en el pico, y de ese barro se hace la tierra. Es el motivo del buceador cosmogónico, uno de los más extendidos del hemisferio norte, y encaja mal con la idea de que los mitos del origen del mundo requieran siempre un artesano divino.
¿Qué dioses y espíritus habitan el cosmos siberiano?
Arriba suele haber un señor celeste lejano y benévolo que no interviene demasiado. Los yakutos lo llaman Ürüng Aar Toyon, el Blanco Señor Creador; los pueblos del Altái, Ülgen; los nénets, Num, que es a la vez el cielo y su dueño. Abajo, en el piso inferior, gobierna una figura mucho más presente en la vida cotidiana: Erlik entre los pueblos turcomongoles, señor de los muertos y de la enfermedad, con quien hay que tratar porque es él quien retiene lo que falta [1].
El grueso del trato religioso, sin embargo, no va dirigido a esos nombres grandes sino a los dueños del entorno inmediato. Bayanay, el espíritu del bosque y de la caza entre los sajá, exige que el cazador hable bien de él, no presuma de sus capturas y comparta lo obtenido; ofenderlo significa volver con las manos vacías durante meses. En la misma lógica se entiende el culto del oso, documentado desde los janti y los mansi de los Urales hasta los ainu de Hokkaidō: el animal cazado se trata como un huésped ilustre al que se agasaja, se le pide perdón y se le despide con una ceremonia para que regrese al mundo de los dueños y hable bien de sus anfitriones. La religión siberiana funciona menos como adoración y más como una red de acuerdos con vecinos poderosos que no son humanos.
El árbol y el río: cómo se ordena un universo de tres pisos
Los yakutos llaman Aal Luuk Mas al árbol sagrado cuyas raíces bajan al inframundo y cuya copa atraviesa los cielos; de su tronco mana una savia que alimenta a quien la bebe. La imagen del árbol de la vida nórdico es tan próxima que durante el siglo XIX se usó como prueba de un parentesco directo entre germanos y pueblos del Altái, cosa que hoy nadie sostiene: el motivo del eje del mundo aparece en tantas culturas sin contacto entre ellas que explicarlo por préstamo resulta más forzado que dejarlo sin explicar [1].
Entre los evenki, el eje suele ser fluvial más que arbóreo. El territorio del clan se piensa como un río mítico que nace en el mundo superior, atraviesa el mundo de los vivos y desemboca en el de los muertos, de modo que viajar aguas arriba o aguas abajo equivale a cambiar de plano de existencia. Un río funciona además mejor que un árbol como metáfora de trabajo, porque tiene corriente, orillas, rápidos y sitios donde uno puede quedarse encallado.
¿Qué hacía realmente un chamán siberiano?
No era un maestro espiritual ni un guía de crecimiento personal. Era un técnico al que se contrataba para resolver problemas: recuperar el alma de un enfermo que unos espíritus habían secuestrado, averiguar por qué la caza se ha retirado del valle, acompañar a un difunto hasta donde le corresponde, identificar quién ha roto un pacto con el dueño de los animales.
El equipo era literalmente una herramienta. El tambor se describe en muchas tradiciones como la montura o la barca con la que el especialista se desplaza. El traje, cargado de placas y colgantes de hierro, funciona como armadura frente a lo que va a encontrarse. Y la vocación rara vez se elige: los relatos de iniciación hablan de enfermedades largas, de espíritus heredados que no aceptan negativas y de sueños de desmembramiento en los que el candidato se ve descuartizado y recompuesto con una pieza nueva. Un puesto de trabajo peligroso, mal pagado en salud y del que varios informantes del siglo XIX dijeron que lo habrían rechazado si les hubieran dejado [2].
La sesión tampoco se parece al recogimiento silencioso que imagina un lector europeo. Se celebra de noche, en la tienda o la casa de quien paga, con la comunidad entera dentro haciendo de público y de coro. El especialista canta, imita voces de animales, discute a gritos con interlocutores que nadie más ve, se agota y a veces cae. Los asistentes responden, corrigen, comentan lo que están viendo y evalúan la actuación, porque la eficacia se juzga en público. Más cercano a una vista judicial ruidosa que a una meditación.

Cómo una palabra evenki se convirtió en categoría mundial
El término entra en las lenguas europeas por vía rusa. Lo emplean los primeros cronistas y desterrados que llegan a Siberia en el siglo XVII, y se difunde con las grandes expediciones científicas del XVIII, en las que naturalistas alemanes al servicio de San Petersburgo describen ceremonias que no entienden y anotan la palabra local. La Ilustración la adopta con desprecio, como sinónimo de charlatán que engaña a su gente con ruido y humo [2].
El salto decisivo llega en 1951, cuando Mircea Eliade publica su gran síntesis sobre el chamanismo y lo define como una técnica arcaica del éxtasis, una capacidad universal de viaje del alma presente en toda la humanidad desde el Paleolítico. El libro es magnífico y sigue siendo lectura obligatoria; también convirtió un oficio siberiano en un tipo antropológico aplicable a Australia, a los Andes y al Ártico canadiense por igual [3]. A partir de los años sesenta, la contracultura estadounidense hizo el resto: cursos, retiros, un «chamanismo esencial» destilado en técnicas transferibles, y una palabra evenki puesta a trabajar como marca comercial.
Hay un detalle cronológico que a mí me parece el más incómodo de toda esta historia. Justo en las décadas en las que el término hacía carrera fuera, los especialistas reales lo estaban pasando muy mal dentro: la campaña antirreligiosa soviética de los años veinte y treinta persiguió a los chamanes siberianos como parásitos sociales, les confiscó tambores y trajes, y en muchas regiones cortó la transmisión del oficio. La palabra se globalizó mientras la práctica se desmantelaba. Cuando Eliade repasaba en 1961 la bibliografía disponible, buena parte de ella describía ya un mundo que en su forma antigua estaba dejando de existir [4].

Lo que cuesta una etiqueta que viaja bien
El problema no es que la comparación entre tradiciones sea ilegítima. Comparar es lo que hace útil a la mitología, y este blog no existiría sin comparar. El problema aparece cuando la etiqueta viaja mejor que la cosa etiquetada y empieza a decidir qué cuenta como auténtico. Los pueblos siberianos que hoy recuperan sus rituales lo hacen en un mercado donde ya existe un modelo internacional de lo que un chamán debe hacer, decir y vestir, y donde parecerse a ese modelo trae subvenciones y turistas mientras apartarse de él trae dudas sobre tu legitimidad. La categoría llegó antes que el reencuentro.
Le ha pasado a más tradiciones. Sucede cada vez que alguien se pregunta cuál es la religión de Haití y descubre que la respuesta que traía en la cabeza venía del cine de terror, o cuando se descubre que el tiempo del sueño australiano no es un pasado remoto sino una dimensión que sigue activa. Nombrar desde fuera es una forma de administrar, y el nombre casi nunca vuelve a casa igual que salió [5].
Queda una pregunta que no tiene salida fácil, porque el estudio comparado del que vivimos los aficionados a los mitos es también el que produce estas etiquetas: cuando aprendemos una palabra ajena y la usamos para ordenar el mundo entero, ¿estamos entendiendo mejor a quien nos la prestó, o simplemente hemos encontrado una manera cómoda de dejar de mirarlo?
Preguntas Frecuentes
¿De qué lengua viene la palabra «chamán»?
Del evenki šamán, una lengua tungúsica de Siberia central y oriental. Pasó al ruso en el siglo XVII y de ahí al resto de las lenguas europeas. Se ha discutido si el término evenki es a su vez un préstamo antiguo del pali o el sánscrito, sin acuerdo.
¿Cuántos mundos tiene el cosmos siberiano?
Tres en la mayoría de tradiciones: superior, medio e inferior, unidos por un árbol o un río. Varias culturas subdividen el mundo superior en varios cielos superpuestos, hasta nueve entre los yakutos.
Fuentes y referencias bibliográficas
- Eliade M. El chamanismo y las técnicas arcaicas del éxtasis. México: Fondo de Cultura Económica; 1960.
- Hutton R. Shamans: Siberian Spirituality and the Western Imagination. London: Hambledon and London; 2001.
- Znamenski AA. The Beauty of the Primitive: Shamanism and the Western Imagination. Oxford: Oxford University Press; 2007.
- Eliade M. Recent Works on Shamanism: A Review Article. History of Religions. 1961;1(1):152-186.
- Scythian Religion. World History Encyclopedia. 2021 [citado 2026 Ago 4].