El contrato de Ulises: por qué atarse al mástil funciona mejor que la fuerza de voluntad

Odiseo no resistió el canto de las sirenas: se declaró incapaz de resistirlo y delegó el control en otros. Esa maniobra tiene hoy nombre clínico, y hay pacientes que la firman.

El contrato de Ulises: por qué atarse al mástil funciona mejor que la fuerza de voluntad
La escena que Homero coloca en el centro del Canto XII no es un combate: es un hombre inmovilizado por su propia orden. La iconografía griega la repitió durante siglos con un detalle constante — los remeros nunca miran al héroe.

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En una isla del Mediterráneo hay un prado precioso, lleno de flores, y todo a su alrededor está cubierto de huesos. Sus dueñas no persiguen a nadie ni empuñan un arma. Solo cantan. Cada hombre que ha oído ese canto se ha quedado ahí sentado, escuchando, hasta morir.

Hace unos dos mil ochocientos años, un hombre quiso oírlo y vivir para contarlo. Lo que hizo para conseguirlo es, a mi juicio, la maniobra más inteligente de todo el poema, y también la más humillante: ordenó a sus propios remeros que lo ataran de pies y manos al mástil y les prohibió obedecerle después.

Veintiocho siglos más tarde, esa maniobra tiene nombre propio en la literatura clínica. Se llama contrato de Ulises, y no es una figura retórica: es un documento que personas reales firman, con testigos, para obligar a sus médicos a tratarlas en el futuro aunque entonces se nieguen.

¿Qué prometían de verdad las sirenas?

Conviene quitarse de encima la imagen de la mujer-pez, que es medieval y llegó mil quinientos años tarde. Las sirenas de la mitología griega eran criaturas aladas, con rostro de mujer y cuerpo de ave, y no vivían bajo el agua: cantaban desde un prado, en tierra firme, rodeadas de los restos de quienes se habían acercado.

Su canto no hunde barcos. Hace algo bastante más silencioso: los que lo oyen dejan de remar, dejan de volver, se quedan a morir en la orilla. Escuchar es la trampa, y no hay violencia en ninguna parte.

Ahora, la pregunta que casi nadie hace: ¿qué cantan exactamente para ser tan mortales? Porque no prometen placer, ni belleza, ni amor. Prometen conocimiento. «Sabemos todo cuanto ocurre sobre la tierra fecunda», le dicen [1]. Y hacen algo todavía más fino: no le cantan a Odiseo una canción cualquiera, sino una sobre él mismo, sobre su gloria en Troya, sus hazañas y su nombre [2].

Ese es el detalle que convierte el pasaje en algo distinto de una fábula sobre la tentación. El anzuelo no es genérico: está hecho a medida del que escucha, y le susurra que lo conoce. Homero no describe un peligro exterior, describe un espejo.

Waterhouse pintó esta escena en 1891, cuando la sirena-pez ya llevaba siglos instalada en el imaginario europeo. Él eligió, contra la costumbre de su época, devolverles el cuerpo de ave que les daba Homero. Imagen vía Wikimedia Commons.

¿Por qué Odiseo no confió en su fuerza de voluntad?

Antes de dejarlo marchar, Circe en la mitología griega le hace de guía y le explica lo que le espera. Y merece la pena fijarse en el contraste con el peligro anterior, porque explica por qué el del mástil es de otra naturaleza.

Contra las drogas de Circe, Odiseo había tenido un antídoto material: la planta moly que le entrega Hermes. En 1983, dos neurólogos publicaron una hipótesis que sigue citándose: las sustancias de Circe encajarían con los anticolinérgicos, que producen amnesia y delirio, y el moly con la campanilla de invierno, una flor que contiene galantamina y revierte justo ese cuadro [3]. Contra una sustancia que te transforma existe una molécula que te devuelve. Contra el canto no hay ninguna.

Por eso la defensa que Circe le describe ahora tiene dos capas, y suelen contarse como si fueran una sola. Para la tripulación, tapones de cera de abeja: que no oigan nada. Para él, que quiere oír el canto y sobrevivir, una orden más rara, que sus hombres lo aten al mástil. Y una instrucción final que es la que de verdad importa: si suplica que lo suelten, si amenaza, que lo aten todavía más fuerte.

Piensa un momento en lo que implica esa última frase. Odiseo no está preparando una defensa contra las sirenas. Está preparando una defensa contra sí mismo dentro de una hora. Da por hecho que va a suplicar, que va a ordenar, que va a odiar a sus propios hombres por retenerlo, y organiza el barco entero para que sus órdenes futuras no valgan nada.

Lo obvio habría sido resistir: apretar los dientes y aguantar a base de carácter. Es lo que haría un héroe de otro tipo de poema, y es exactamente lo que Odiseo descarta. Sabe que su voluntad de dentro de una hora no será la misma que la de ahora, y en vez de confiar en ella la deja sin poder.

Entonces empieza el canto y ocurre lo previsto. Se le seca la boca, tira de las cuerdas hasta hacerse daño en las muñecas, clava los ojos en sus remeros y les grita que lo suelten. Ellos, sordos por la cera, le ven mover los labios y aprietan más. El barco pasa. Odiseo se convierte en el único hombre que ha oído ese canto y ha vivido para contarlo, y no por haberlo resistido: por haber admitido de antemano que no podría.

¿Por qué la tripulación lleva cera y el capitán no?

Es la parte que casi siempre se cuenta de pasada, y sostiene todo lo demás. Homero no da una solución: da dos, y son incompatibles entre sí.

Los remeros no van a escuchar nada, así que su problema se resuelve suprimiendo el estímulo. Es limpio, es barato y funciona siempre. El precio es que se pierden el canto, y ni siquiera saben que se lo están perdiendo.

Odiseo quiere las dos cosas: la experiencia y la supervivencia. Y para eso la cera no sirve. Necesita un dispositivo distinto, uno que le permita exponerse al peligro habiendo desactivado por adelantado su capacidad de rendirse. La cera elimina la tentación; las cuerdas eliminan la respuesta a la tentación.

De las dos, la primera es infinitamente más eficaz. Pero la segunda es la única que le permite volver contando algo. Bueno, o al menos así lo leo yo: Homero no lo comenta, se limita a poner las dos escenas una al lado de la otra y seguir remando.

Sirenas con cuerpo de ave y rostro femenino cantando desde un prado florido cubierto de huesos humanos
El prado de las sirenas es una de las pocas imágenes del poema donde la amenaza es explícitamente hermosa. Homero coloca los huesos entre las flores, no fuera de ellas: no hay señal de peligro que preceda al canto.

Del mástil a la filosofía: qué es el precompromiso

En 1979, el filósofo noruego Jon Elster publicó un libro sobre racionalidad e irracionalidad y lo tituló, sin rodeos, Ulysses and the Sirens [4]. Su objeto de estudio era una anomalía incómoda para la teoría de la decisión: hay situaciones en las que un agente racional actúa mejor reduciendo deliberadamente sus propias opciones futuras.

La teoría clásica dice que más libertad de elección nunca puede perjudicarte, porque siempre puedes ignorar las opciones que no te convienen. Elster señaló los casos en los que eso falla, y el mástil es el ejemplar perfecto. Odiseo mejora su resultado atándose porque sabe algo sobre su yo futuro que su yo futuro no aceptará: que va a preferir lo equivocado.

A esa maniobra se la llama precompromiso. Comprometerse por adelantado, en un momento de lucidez, para protegerse de una versión posterior y más débil de uno mismo. No es disciplina, porque la disciplina se ejerce durante la tentación. El precompromiso se ejerce antes, y precisamente porque se desconfía de lo que uno hará durante.

Los ejemplos cotidianos son tan banales que cuesta verlos como estrategia. El despertador al otro lado de la habitación. La tarjeta de crédito que se deja en casa a propósito. La cuota del gimnasio pagada un año entero por adelantado, que solo funciona porque duele haberla pagado.

¿Qué es el contrato de Ulises en psiquiatría?

Aquí es donde el mito deja de ser metáfora. En salud mental existe, con ese nombre y por escrito, el contrato de Ulises, también llamado directiva de autovinculación o self-binding directive.

El planteamiento lo describieron con detalle Tania Gergel y Gareth Owen en 2015, y parte de un problema muy concreto: hay trastornos, como el trastorno bipolar, en los que la capacidad de decidir fluctúa [5]. La misma persona tiene periodos de juicio intacto y episodios en los que ese juicio se distorsiona de forma predecible. Durante un episodio maníaco puede rechazar un tratamiento que, estando bien, sabe que necesita.

El contrato de Ulises resuelve eso trasladando la decisión al momento de lucidez. La persona, estando estable, redacta un documento que instruye a su equipo médico para tratarla durante una crisis futura aunque en ese momento se niegue. Es, punto por punto, la instrucción de Odiseo a sus remeros: si suplico, no me hagáis caso.

El paralelismo no es una licencia divulgativa que yo esté forzando aquí. Gergel y Owen lo nombran así en su propio artículo, y el término Ulysses contract figura entre sus palabras clave [5]. La objeción evidente, que un documento así vulnera la autonomía del paciente, es justamente la que ellos abordan: argumentan que negarle a alguien la posibilidad de protegerse de sus propias crisis es una forma extraña de proteger su libertad.

El 82 % que pide que le aten

Lo interesante llegó cuando alguien preguntó a los interesados. En 2021, un estudio publicado en The Lancet Psychiatry recogió las respuestas de 932 personas con diagnóstico de trastorno bipolar en el Reino Unido; de las 565 que explicaron por escrito su postura, 463 respaldaban las directivas de autovinculación: un 82 % [6].

La razón que dieron es la que da Odiseo. El 89 % de quienes las apoyaban describía un desplazamiento reconocible hacia un pensamiento distorsionado cuando enfermaban [6]. No hablaban en abstracto de perder la razón: describían un cambio identificable, algo que ya han vivido y que saben que volverá.

El estudio también recoge a quienes las rechazan, y sus motivos merecen tanta atención como los del 82 %: dudas logísticas sobre cómo se redacta y se aplica un documento así, desacuerdo sobre si su pensamiento durante la crisis es realmente inválido, y la sospecha de que el mecanismo pueda vulnerar derechos fundamentales [6]. No es un debate cerrado, y conviene no venderlo como tal.

La versión moderna de la maniobra cabe en una hoja de papel. Lo que cambia respecto al mástil no es la lógica, sino quién sostiene la cuerda: allí eran remeros con cera en los oídos; aquí, un equipo médico obligado por escrito.

¿Por qué dejas el móvil en otra habitación?

Y si el canto de las sirenas te suena de algo, es porque lo llevas en el bolsillo. Un canto personalizado, prácticamente infinito, que parece conocerte mejor que tú mismo y que ajusta cada nota a lo que te retiene un segundo más. Prometen conocimiento; entregan permanencia.

La comparación no es solo poética. Una revisión de 2025 centrada en adolescentes describe cómo el uso intensivo de redes sociales altera las vías de la dopamina, el circuito de recompensa del cerebro, y genera una dependencia análoga a la de las sustancias, en un bucle donde los algoritmos ajustan el contenido para maximizar el tiempo de pantalla [7]. Esos sistemas de recomendación no son neutrales, y comparten con las valquirias de Odín un rasgo incómodo: los sesgos de los algoritmos deciden por ti presentándose como inapelables.

Así que cuando dejas el teléfono en otra habitación para poder dormir, cuando instalas un bloqueador que te corta las aplicaciones, cuando te pones un límite de tiempo que sabes que te costará saltarte, no estás siendo disciplinado. Estás atándote al mástil. Estás haciendo la misma apuesta que Odiseo: que tu voluntad va a fallar en cuanto empiece el canto, y que conviene decidirlo antes de oírlo.

Hay algo profundamente antiheroico en esa conclusión, y creo que es lo que la hace duradera. Otros mitos griegos premian la fuerza, la astucia o el linaje; el Minotauro y la ansiedad comparten laberinto porque ambos exigen un hilo que alguien sostenga desde fuera. Aquí, en el resumen de la Odisea que casi todo el mundo recuerda por los monstruos, la mejor decisión del protagonista consiste en declararse incapaz y entregarle el control a otros durante un rato.

Puede que por eso el pasaje siga vivo. Nos cuesta admitir que hay versiones de nosotros en las que no se puede confiar, y más todavía organizar la vida en consecuencia. Odiseo lo hizo delante de su tripulación entera, a la vista de todos, sabiendo que iban a verlo suplicar. ¿Cuál es tu mástil, y quién tiene permiso para no soltarte?

Preguntas Frecuentes

¿Es lo mismo un contrato de Ulises que un testamento vital?

No exactamente. Un testamento vital suele expresar qué tratamientos rechazas en el futuro; el contrato de Ulises hace lo contrario, ya que autoriza un tratamiento incluso contra tu negativa futura. Comparten la lógica de decidir hoy por el yo de mañana, pero apuntan en direcciones opuestas.

¿De dónde viene el nombre «contrato de Ulises»?

De Ulises, nombre latino de Odiseo, y del episodio del Canto XII de la Odisea. También se lo conoce como pacto de Ulises o directiva de autovinculación. Su uso como término técnico se consolidó en la bioética y la psiquiatría a partir del trabajo filosófico sobre el precompromiso.

¿Las sirenas de Homero eran mujeres pez?

No. En la tradición griega tenían cuerpo de ave y rostro de mujer, y cantaban desde tierra firme. La sirena con cola de pez es una confusión posterior, medieval, que acabó desplazando por completo a la original.


Fuentes y referencias bibliográficas

  1. Homero. Odisea. Pabón JM, traductor. Madrid: Gredos; 1982.
  2. Seirenes (Sirens). Theoi Greek Mythology. 2017 [citado 2026 Jul 25].
  3. Plaitakis A, Duvoisin RC. Homer's moly identified as Galanthus nivalis L.: physiologic antidote to stramonium poisoning. Clin Neuropharmacol. 1983;6(1):1-5.
  4. Elster J. Ulysses and the Sirens: Studies in Rationality and Irrationality. Cambridge: Cambridge University Press; 1979.
  5. Gergel T, Owen GS. Fluctuating capacity and advance decision-making in Bipolar Affective Disorder - Self-binding directives and self-determination. Int J Law Psychiatry. 2015;40:92-101.
  6. Gergel T, Das P, Owen G, Stephenson L, Rifkin L, Hindley G, et al. Reasons for endorsing or rejecting self-binding directives in bipolar disorder: a qualitative study of survey responses from UK service users. Lancet Psychiatry. 2021;8(7):599-609.
  7. De D, El Jamal M, Aydemir E, Khera A. Social Media Algorithms and Teen Addiction: Neurophysiological Impact and Ethical Considerations. Cureus. 2025;17(1):e77145.
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