Sísifo: El arte de saber cuándo rendirse.

Sísifo: El arte de saber cuándo rendirse.
En este episodio del podcast exploramos el mito de Sísifo, un rey condenado a pagar una pena en el inframundo griego.
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Para continuar con el inframundo grecorromano, abordaremos en los dos siguientes episodios a dos notables huéspedes del Tártaro, ese receso extremadamente profundo y oscuro, en el que las sombras de los que habían ofendido a los dioses pagaban las transgresiones que habían provocado el enojo de los dioses, en este episodio hablaremos de Sísifo, un rey notable y astuto que pago muy caro su arrogancia para con los dioses.

Sísifo pasa sus días trabajando, empujando una gigantesca y pesada roca por una singular pendiente, solo para al estar cerca de llegar a la cima, vuelva a rodar de nuevo pendiente abajo, así siempre, una tarea inútil, durante toda una eternidad.

Sísifo copia de la pintura de Jose Ribera.
Sísifo copia de la pintura de Jose Ribera.

Muchos de nosotros conocemos la desesperación que provoca el realizar una tarea inútil, además de que esto me hizo recordar en ese popular adagio de Internet que define la locura como hacer lo mismo una y otra vez y esperar un resultado diferente, esta cita se atribuyese manera frecuente a Albert Einstein. Aunque no parece existir una fuente que pueda proporcionar una cita plausible para apoyar esta afirmación, así que dejaré como anónimo al autor de esta cita.

Ahora bien, podemos preguntarnos:

¿En qué momento se dio cuenta Sísifo de la inutilidad de su tarea? ¿La primera vez que la roca retrocedió? ¿O incluso ahora está empujando esa roca hacia arriba en esa colina con la esperanza de que este sea el momento en que por fin la tarea de resultado?

Pero quién era Sísifo, y cuál fue el atroz crimen que cometió para terminar cumpliendo esta condena.

Sísifo fue el fundador y primer rey de Efira («Corinto» en algunas versiones); según cuentan las leyendas era un hombre astuto y perspicaz. Bajo el gobierno de Sísifo, el reino floreció, convirtiéndose en una ciudad destacada tanto por su potencial marítimo, como por su gran capacidad comercial. Se dice que fue Sísifo el que llevó el comercio y la actividad marítima a niveles nunca antes vistos en esta ciudad.

Sin embargo, y como sucede a menudo, su éxito estuvo relacionado con explotar a otros, y su nombre se vio empañado en variados actos de fraude y engaño. Además violó el acto sagrado de hospitalidad en más de una ocasión, masacrando huéspedes bajo su techo y bajo su cuidado, una ofensa a los ojos de Zeus, que era también el dios de los juramentos y la hospitalidad.

El flagrante desprecio de Sísifo por la ley de los dioses creció tanto que al haber conseguido hacer de su ciudad un verdadero paraíso, empezó a hacer hasta tratos con y contra los dioses mismos. Esto debido a que tenía confianza en que su gran astucia podría ser superior a la de cualquier dios.

Un día mientras paseaba por los alrededores de su ciudad, Sísifo vio a Zeus secuestrar y esconder a la ninfa del río Egina, aprovechando lo que había visto Sísifo se acercó al padre de la ninfa, el dios del río Asopo, y negoció un acuerdo para obtener un nuevo río a cambio de revelar el paradero de su hija.

Esta al parecer fue la gota que derramó el vaso para Zeus.

Enojado el rey de los dioses olímpicos, decidió terminar con la vida del mortal que tantas leyes divinas había violado, y decidió enviar a Tánatos, la muerte, para que lo recogiera prematuramente y lo arrastrara directamente al Tártaro.

Si bien para la mayoría de los mortales este sería el final del cuento, la astucia de Sísifo fue claramente subestimada.

Cuando Tánatos apareció, haciendo sonar sus cadenas y listo para arrastrar a Sísifo al inframundo, fue bienvenido al hogar del rey con calma, recibido con calma, y simulando ignorancia, Sísifo expresó interés en las cadenas que seguían a Tánatos, solicitándole de la manera más cordial que le demostrara cómo funcionaban. Sin saberlo, Tánatos se envolvió en sus propias cadenas en una demostración, pero Sísifo agarró los extremos de las mismas y encadenó a Tánatos, evitando momentáneamente su propia ejecución.

Sin embargo, engañar a la muerte no solo afectó a Sísifo; tener a Tánatos envuelto en sus propias cadenas significaba que la vida en la tierra era eterna, y produjo que la balanza de la mortalidad cayera en picado.

Los dioses se mostraron muy molestos ante esta nueva situación, entre todos ellos el más impresionado por la nueva situación fue Ares, cuyas batallas y guerras se volvieron insignificantes cuando fueron libradas por soldados inmortales. Furioso, irrumpió en el castillo de Sísifo y liberó a Tánatos, lo que le permitió completar la orden de Zeus y arrastrar a Sísifo hasta su muerte.

Sin embargo, Sísifo no se dejó intimidar, gritando a su esposa para que arrojara su cuerpo desnudo a la plaza mientras su alma era arrastrada. Parecía una petición extraña, pero de nuevo, Sísifo no debe ser subestimado.

Las reglas del inframundo son claras; solo aquellos que han recibido los rituales de entierro apropiados pueden cruzar el río Estigia, y Sísifo tenía la intención de aprovecharse plenamente de esa orden.

Al encontrar a Perséfone, le suplicó que le dejara regresar para convencer a su esposa de que realizara los ritos adecuados.

Perséfone cedió, dándole un breve respiro para amonestar a su esposa y poner sus asuntos en orden.

Sin embargo Sísifo no tenía intención de honrar su parte del trato, y no volvió, permaneciendo en la tierra hasta que los dioses se vieron obligados a enviar a Hermes a recogerlo y devolverlo al Tártaro.

Su castigo fue el siguiente: la misión de hacer rodar una roca por una colina, una roca que estaba hechizada para que cada vez que se acercara a la cima, volviera a rodar hasta el fondo.

Sísifo condenado a llevar una roca sibre su espalda por toda la eternidad, en una pintura de Antonio Zanchi.
Sísifo condenado a llevar una roca sibre su espalda por toda la eternidad, en una pintura de Antonio Zanchi.

Y vi a Sísifo en su interminable tarea levantando su prodigiosa piedra con ambas manos. Con las manos y los pies intentó hacerla rodar hasta la cima de la colina, pero siempre, justo antes de poder voltearla hacia el otro lado, su peso sería demasiado para él, y la despiadada piedra volvería a descender a la llanura. Entonces empezaba a tratar de empujarlo hacia arriba de nuevo, y el sudor se le escapaba y el vapor se elevaba tras él.

  • Homero, La Odisea

¿Crees que Sísifo ya se habrá dado cuenta de la inutilidad de su tarea? Yo creo que no.

Si hay una cosa en la que los griegos eran muy buenos, y es hacer que el castigo encaje con el crimen.

Sísifo continuará empujando esa roca hacia arriba por la colina por su propia voluntad, porque su arrogancia no le permitirá detenerse.

Si nos ponemos a pensar, incluso después de que los dioses lo mataran, Sísifo seguía tratando de engañar a su propia muerte y subvertir la voluntad divina.

Así que Sísifo nunca admitirá que Zeus tiene la ventaja y por eso rodará esa maldita roca por esa colina por toda la eternidad, aunque cada vez se vea condenado a enfrentarse a la decepción de no lograr un resultado diferente.

Fuentes consultadas:

  • Winkler Martin. Underworld and afterlife. Disponible online en Archive.org
  • Commelin, P. (2017). Mitología griega y romana: El gran clásico de la literatura mitológica ahora recuperado. La Esfera de los Libros.
  • Cardona, F. L. (2018). Mitología griega. Ediciones Brontes.