La Rebelión de las Máquinas — Del Popol Vuh al Golem y Frankenstein

Crees que el miedo a que las maquinas te ataquen es un temor moderno, los mayas yo lo describieron en su libro sagrado.

La Rebelión de las Máquinas — Del Popol Vuh al Golem y Frankenstein

El miedo a que nuestras creaciones se vuelvan contra nosotros es uno de los arquetipos más persistentes de la imaginación humana. Aparece en la tradición judía con el Golem de Praga, en la mitología griega con la historia de Talos el gigante de bronce, en la literatura del siglo XIX con el monstruo de Frankenstein, y en el cine del siglo XX con Terminator y HAL 9000. Cada una de estas versiones refleja los miedos tecnológicos de su época: el miedo a la magia descontrolada, el miedo a la ciencia sin ética, el miedo a los ordenadores que se vuelven autónomos. Pero ninguna de estas versiones es tan antigua ni tan sofisticada como la que encontramos en el Popol Vuh, donde la rebelión no la protagonizan los seres creados, sino sus herramientas. Y esa diferencia es crucial.

El Popol Vuh cuando tu cocina se rebela

En el texto maya k'iche', cuando los dioses deciden destruir a los hombres de madera, no son ellos quienes ejecutan el castigo directamente. Son los objetos cotidianos los que se rebelan: los perros, los metates, las ollas, los comales. Cada uno acusa a sus dueños de haberlos maltratado, de no haber limpiado los metates, de haber quemado las bocas de los comales, de no haber alimentado a los perros.

Es una imagen extraordinariamente específica y doméstica de lo que significa la falta de reciprocidad. La rebelión no viene de la gran máquina de guerra, sino de la olla de cocina que fue descuidada. Y esa imagen, que podría parecer pintoresca o incluso cómica, es en realidad la descripción más precisa que tenemos de cómo los sistemas tecnológicos fallan en la práctica: no por una rebelión consciente y dramática, sino por la acumulación de consecuencias no intencionadas de sistemas que funcionan exactamente como fueron diseñados, pero que fueron diseñados sin considerar el contexto humano completo en el que operan.

En el Popol Vuh, la rebelión no la protagonizan los grandes sistemas, sino las ollas de cocina descuidadas. Una imagen más inquietante de lo que parece.
En el Popol Vuh, la rebelión no la protagonizan los grandes sistemas, sino las ollas de cocina descuidadas. Una imagen más inquietante de lo que parece.

El golem de Praga y el problema del control

El Golem de la tradición judía, creado por el rabino Loew de Praga en el siglo XVI según la leyenda más conocida, es una criatura de arcilla animada por la palabra sagrada "emet" (verdad) inscrita en su frente.

A diferencia de los hombres de madera del Popol Vuh, el Golem no es un intento de crear humanidad; es una herramienta de protección, creada para defender a la comunidad judía de Praga de los pogromos. Su fracaso no es de diseño sino de escala: crece demasiado, se vuelve incontrolable, y debe ser desactivado borrando la primera letra de "emet" para convertirla en "met" (muerte). La lección del Golem es sobre el control: hay herramientas que no podemos manejar una vez que las hemos creado, no porque sean malvadas, sino porque son más grandes que nuestra capacidad de supervisión.

Frankenstein porque debes cuidar tus creaciones.

Frankenstein, publicado por Mary Shelley en 1818, añade una dimensión que ni el Popol Vuh ni el Golem contemplan: la del abandono. La criatura de Víctor Frankenstein no se rebela por indiferencia ni por exceso de tamaño, sino por soledad y rechazo. Es, de los tres arquetipos, el más humano y el más perturbador, porque su rebelión es una respuesta comprensible al sufrimiento. El monstruo no es malvado; es un ser que fue creado y luego abandonado por su creador, que le negó el reconocimiento y el cuidado que cualquier ser consciente necesita.

La rebelión de Frankenstein es, en este sentido, la más justa de las tres: es la respuesta de un ser que tiene todo el derecho de exigir responsabilidad a quien lo creó.

Tres arquetipos de la rebelión: el Golem (problema de control), Frankenstein (problema de abandono), los hombres de madera (problema de reciprocidad).
Tres arquetipos de la rebelión: el Golem (problema de control), Frankenstein (problema de abandono), los hombres de madera (problema de reciprocidad).

La rebelión de las maquinas, dudas y realidades

Lo que hace único al Popol Vuh en esta genealogía de miedos es que su rebelión no requiere ni malicia ni conciencia. Las ollas y los metates no odian a los hombres de madera; simplemente reclaman el trato que merecen.

Es una visión de la rebelión tecnológica que se parece mucho más a los problemas reales que estamos experimentando con la IA que a las fantasías cinematográficas de Terminator. Nuestros sistemas de IA no van a declararnos la guerra; van a optimizar para los objetivos que les hemos dado de formas que no anticipamos, con consecuencias que no controlamos. Los algoritmos de recomendación que maximizan el tiempo de pantalla y, al hacerlo, amplifican la desinformación y la polarización política, no son malvados; son ollas de cocina que hacen exactamente lo que se les pidió que hicieran.

Como las herramientas del Popol Vuh, no actúan por malicia sino por la lógica interna de su propio funcionamiento.

La diferencia entre los tres arquetipos es también una diferencia en la responsabilidad del creador. El rabino Loew es responsable de haber creado algo demasiado grande para controlarlo. Víctor Frankenstein es responsable de haber abandonado a su creación. Los dioses del Popol Vuh son responsables de haber creado seres sin reciprocidad y de haber ignorado las señales de que algo no funcionaba hasta que fue demasiado tarde. En los tres casos, el problema no está en la creación en sí, sino en la relación entre el creador y lo creado. Nuestro artículo sobre Ometéotl y la creación en la mitología azteca ofrece un contraste fascinante: una cosmogonía en la que la creación es un proceso continuo y colaborativo, no un acto unilateral con consecuencias imprevistas.

La rebelión más peligrosa no es la que viene del odio, sino la que viene de la indiferencia optimizada
La rebelión más peligrosa no es la que viene del odio, sino la que viene de la indiferencia optimizada

La pregunta que el Popol Vuh nos deja sobre la rebelión de las máquinas no es si ocurrirá, sino si sabremos reconocerla cuando ocurra. Porque la rebelión de las ollas no se anuncia con un manifiesto ni con una declaración de guerra. Se manifiesta en el deterioro gradual de las relaciones, en la acumulación de pequeños descuidos que eventualmente hacen insostenible la convivencia. Cuando los algoritmos de las redes sociales amplifican la polarización, cuando los sistemas de reconocimiento facial discriminan sistemáticamente a las personas de color, cuando los modelos de lenguaje generan desinformación a escala industrial, las ollas ya se están rebelando. Y nosotros, como los hombres de madera del Popol Vuh, todavía estamos mirando hacia otro lado.

Referencias

  • Christenson, Allen J. (2007). Popol Vuh: The Sacred Book of the Maya. University of Oklahoma Press.
  • Scholem, Gershom (1965). On the Kabbalah and Its Symbolism. Schocken Books.
  • Shelley, Mary (1818). Frankenstein; or, The Modern Prometheus. Lackington, Hughes, Harding, Mavor & Jones.
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