El: El dios supremo cananeo y el origen oculto del monoteísmo

Descubierto en las ruinas de Ugarit, el 'Toro El' era el sabio patriarca del panteón cananeo. Su historia revela los sorprendentes vínculos entre los antiguos mitos politeístas y el Dios de la Biblia.

El dios cananeo El, representado como un anciano majestuoso con corona de cuernos de toro, sentado en su trono en la cima del monte Safón, observando el mundo
Antes de que el monoteísmo dominara el Medio Oriente, la deidad suprema de Canaán era El, el "Padre de los Años", un dios anciano y sabio cuyo culto sentaría las bases teológicas e iconográficas del Dios judeocristiano.

Si abres el libro del Génesis, te encontrarás repetidamente con una palabra hebrea para referirse al creador del universo: Elohim. Durante siglos, teólogos y creyentes asumieron que este término siempre había sido exclusivo del Dios de Israel. Sin embargo, en 1929, el arado de un campesino en la costa de Siria desenterró las ruinas de la antigua ciudad de Ugarit, y con ella, una biblioteca de tablillas de arcilla que sacudió los cimientos de la historia religiosa. Estos textos revelaron que mucho antes de que se escribiera la Biblia, los antiguos cananeos ya adoraban a un dios supremo, sabio y compasivo, llamado simplemente El.

Antes de que el monoteísmo abrahámico transformara para siempre el panorama espiritual del Medio Oriente, la región de Canaán estaba dominada por un panteón vibrante. En la cúspide de esta jerarquía divina no se encontraba un joven guerrero de las tormentas, sino un anciano majestuoso: El, el Padre de los Años y Creador de las Criaturas. Su historia no solo es fundamental para entender la mitología de las antiguas culturas semíticas, sino que es la clave arqueológica para desentrañar el origen histórico del monoteísmo moderno.

El "Toro El" y el Padre de los Dioses

En los textos ugaríticos, El recibe numerosos epítetos que definen su carácter y su función cósmica. El más frecuente es Tr 'Il, que se traduce literalmente como "Toro El". En el antiguo Oriente Próximo, el toro no era simplemente un animal de carga; era el símbolo definitivo de la fuerza indomable, la virilidad, la fertilidad y el poder creador. Al llamarlo "Toro", los cananeos reconocían a El como la fuente primigenia de toda la vida, tanto divina como mortal [1].

A diferencia de los mitos de creación babilónicos, donde dioses como Marduk tienen que luchar violentamente contra monstruos primordiales para forjar el universo, el papel creador de El parece haber sido mucho más pacífico y absoluto. Se le llama "Creador de las Criaturas" (bny bnwt) y "Padre de la Humanidad" (ab adm). Junto a su consorte principal, la diosa madre Asera (Athirat), El engendró a los "Setenta Hijos de Asera", que conformaban el consejo divino o panteón cananeo [2].

Físicamente, El era imaginado y representado en la iconografía (como en las famosas estelas de bronce y piedra encontradas en Ugarit) como un anciano venerable con una larga barba, sentado majestuosamente en un trono, a menudo con una mano levantada en un gesto de bendición y llevando una corona adornada con cuernos de toro. Esta imagen del "anciano de días" sabio y benevolente sentaría un precedente visual y teológico innegable para las posteriores representaciones del Dios judeocristiano.

Tablilla de arcilla cuneiforme del Ciclo de Baal, descubierta en Ugarit
Tablilla cuneiforme del Ciclo de Baal (AO16640), descubierta en la antigua ciudad de Ugarit (Siria). Estos textos, descifrados en la década de 1930, revolucionaron nuestra comprensión de la religión cananea y revelaron que muchos atributos del dios supremo El fueron posteriormente asimilados por el Yahvé bíblico. Imagen vía Wikimedia Commons.

El gobierno desde el Monte Safón: El Consejo Divino

Según la mitología ugarítica, El residía en las "fuentes de los dos ríos, en medio de los cauces de los dos abismos". Esta morada mítica, a menudo asociada con el Monte Safón (el actual Jebel Aqra en la frontera entre Siria y Turquía), era el centro del universo cananeo. Allí, en su tienda cósmica, El presidía el Consejo Divino (phr ilm).

Lo fascinante de la teología cananea es cómo funcionaba este consejo. Aunque El era indiscutiblemente el monarca supremo, no era un dictador absoluto que microgestionaba el cosmos. Era un rey distante, lo que los historiadores de la religión llaman un deus otiosus (dios ocioso), que delegaba la administración activa del mundo a los dioses más jóvenes y dinámicos, principalmente a Baal, el impetuoso dios de las tormentas y la lluvia [3].

El actuaba como el juez supremo y el árbitro final en las disputas entre los dioses. Cuando Baal luchaba contra Yam (el dios del mar caótico) o contra Mot (el dios de la muerte), El observaba desde su trono, sancionando los resultados y manteniendo el equilibrio del universo. Su autoridad era tan absoluta que incluso los dioses más violentos y poderosos temían su desaprobación y buscaban su permiso antes de actuar.

El mito de Aqhat y el límite de la inmortalidad

Aunque El no es el protagonista de acción en la mayoría de los mitos ugaríticos, su papel como autoridad final es evidente en la Epopeya de Aqhat. La historia comienza con Danel, un rey humano justo que no tiene hijos. Tras realizar ofrendas y súplicas durante días, Baal intercede por él ante El. El, mostrando su característica compasión, bendice a Danel, permitiéndole engendrar un hijo: Aqhat.

Cuando Aqhat crece, el dios artesano Kothar-wa-Hasis (una figura análoga al dios griego Hefesto en su habilidad metalúrgica) le regala un arco mágico de una belleza y precisión incomparables. El problema surge cuando la feroz diosa guerrera Anat ve el arco y lo codicia. Anat le ofrece a Aqhat plata, oro y, finalmente, el regalo supremo: la inmortalidad. Aqhat, con la arrogancia de la juventud, rechaza la oferta, argumentando que la inmortalidad es una mentira y que ningún mortal puede escapar a su destino de envejecer y morir.

Enfurecida por el insulto, Anat acude a El para exigir venganza. Inicialmente, El se niega a permitir el asesinato del joven. Sin embargo, Anat lo amenaza violentamente, prometiendo "hacer que sus canas corran con sangre". El, en un momento que ha desconcertado a los estudiosos, cede ante la diosa y le permite ejecutar su plan. Anat hace que Aqhat sea asesinado, pero la muerte del joven provoca una sequía devastadora en la tierra [1].

Este mito ilustra una dinámica compleja. El es compasivo, pero también pragmático y capaz de permitir el sufrimiento para apaciguar a dioses volátiles como Anat. Al igual que en los relatos de la mitología sumeria, los dioses supremos del Oriente Próximo no eran deidades de bondad moral pura en el sentido moderno, sino fuerzas de la naturaleza que mantenían el orden cósmico, a veces a un costo terrible para los humanos.

Ilustración de la fiera diosa Anat enfrentándose al anciano dios El en su trono, exigiendo venganza mientras él la observa con resignación
En la Epopeya de Aqhat, la violenta diosa Anat amenaza al mismísimo dios supremo El para que le permita asesinar al joven humano Aqhat. La mitología cananea retrataba a su dios principal no como un ser de bondad absoluta, sino como un monarca cósmico que debía equilibrar las peligrosas fuerzas del panteón divino.

La transición: De El a Elohim y Yahvé

El aspecto más fascinante y debatido del dios El es su conexión lingüística e histórica con el Dios de la Biblia hebrea. En las lenguas semíticas noroccidentales, la palabra 'el funcionaba tanto como un sustantivo genérico para "dios" (con minúscula) como el nombre propio de la deidad suprema (El, con mayúscula).

En los textos más antiguos de la Biblia, el Dios de los israelitas es frecuentemente llamado El, o mediante títulos compuestos que derivan directamente de la teología cananea, como El Shaddai (Dios Todopoderoso), El Elyon (Dios Altísimo) o El Olam (Dios Eterno). El nombre mismo de la nación, "Israel", significa literalmente "El lucha" o "Que El persevere" [2].

Los eruditos bíblicos e historiadores del antiguo Oriente Próximo coinciden en que, en las etapas más tempranas de la religión israelita, El era adorado como el dios principal. Con el tiempo, a medida que la identidad israelita se consolidaba, las características de El (la sabiduría, la compasión, el papel de creador y patriarca) y las características del joven y fiero dios de las tormentas, Yahvé (probablemente originario del sur, en la región de Madián/Edom), se fusionaron en una sola deidad omnipotente [3].

El plural mayestático Elohim, usado cientos de veces en la Biblia para referirse a Dios, es un descendiente directo de la raíz semítica de El, que originalmente designaba al consejo de los "hijos de El". Esta asimilación teológica fue tan profunda y exitosa que los autores bíblicos posteriores no vieron contradicción alguna en identificar al antiguo dios patriarca cananeo con el Yahvé que habló a Moisés desde la zarza ardiente.

La figura de El nos ofrece una ventana inestimable a la evolución del pensamiento religioso humano. Lejos de ser un ídolo primitivo, el dios supremo de Ugarit era imaginado como un monarca sabio, un abuelo cósmico que buscaba el equilibrio. Cuando hoy en día millones de personas en todo el mundo rezan a un Dios concebido como un padre celestial compasivo, omnisciente y creador del universo, están invocando, conscientemente o no, una imagen teológica que fue forjada hace más de tres mil años en las costas del Mediterráneo oriental.

Preguntas Frecuentes

¿Es el dios El el mismo que Alá en el Islam?

Lingüísticamente, sí. La palabra árabe "Alá" (Allah) proviene de la misma raíz semítica antigua ('el o 'ilah) que significa "dios". Al igual que el hebreo Elohim, es una evolución directa del mismo término que los antiguos cananeos usaban tanto para referirse a la deidad en general como al nombre propio de su dios supremo creador.

¿Cuál era la diferencia principal entre El y Baal?

El era el patriarca anciano, el creador sabio y distante que gobernaba por autoridad moral y decreto desde su trono. Baal, por el contrario, era el joven dios guerrero de las tormentas, activo, dinámico y encargado de la administración diaria de la tierra (la lluvia y la fertilidad agrícola). Baal luchaba las batallas físicas contra el caos, pero siempre bajo la autoridad legal final de El.


Fuentes y referencias bibliográficas

  1. Coogan MD. Stories from Ancient Canaan. Louisville: Westminster John Knox Press; 1978.
  2. Smith MS. The Origins of Biblical Monotheism: Israel's Polytheistic Background and the Ugaritic Texts. Oxford: Oxford University Press; 2001.
  3. Day J. Yahweh and the Gods and Goddesses of Canaan. Sheffield: Sheffield Academic Press; 2002.
  4. El - Canaanite God. World History Encyclopedia. 2021 [citado 2026 Jun 24].
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