Ahura Mazda: el dios que inventó la guerra del bien contra el mal

Un dios sin estatuas le dictó a un profeta el guion que todavía usamos: el bien contra el mal, el juicio de las almas y el paraíso. Esta es la historia de Ahura Mazda, el Señor Sabio de la antigua Persia.

Ahura Mazda: el dios que inventó la guerra del bien contra el mal

Hay un dios antiguo cuyo nombre casi nadie recuerda y cuyas ideas usa todo el mundo. Cada vez que una película enfrenta a los buenos contra los malos, cada vez que alguien habla del juicio final, del paraíso o del diablo, está repitiendo el guion que se escribió en Persia hace unos tres mil años alrededor de Ahura Mazda, el "Señor Sabio", dios supremo del zoroastrismo [1].

Su religión fue la fe de tres imperios persas y hoy apenas conserva unos cientos de miles de fieles. Sus ideas, en cambio, gozan de una salud insultante. Este artículo cuenta quién es Ahura Mazda, qué significa su nombre, cómo es que no tiene estatuas y por qué su manera de dividir el mundo sigue organizando el nuestro.

¿Qué significa Ahura Mazda y quién es?

Ahura Mazda significa, aproximadamente, "Señor Sabio" o "Señor de la Sabiduría": ahura es "señor" y mazda se conecta con la raíz de "sabiduría" o "inteligencia" [1]. Es el dios supremo de la religión persa antigua y del zoroastrismo: increado, creador del cielo, la tierra y la humanidad, fuente de la verdad y del orden que los persas llamaban asha. Con los siglos y los imperios su nombre fue mutando: Ahuramazda para los aqueménides, Hormazd para los partos, Ohrmazd para los sasánidas [2].

Relieve de piedra en el que se puede apreciar una representación del dios zoroastriano Ahura Mazda
Los reyes persas se hacían esculpir bajo esta figura del disco alado: el dios no necesitaba templos, pero la monarquía sí necesitaba al dios.

A diferencia de Zeus o de Odín, Ahura Mazda no tiene biografía escandalosa: no seduce mortales, no comete errores, no envejece. Es menos un personaje que un principio, y esa abstracción, que lo hace poco novelesco, es exactamente lo que lo volvió revolucionario. Los griegos, incapaces de imaginar un dios así, lo tradujeron a su idioma: Heródoto y los suyos asumieron que el dios del cielo persa era simplemente Zeus con otro nombre.

La tradición le atribuye la creación del mundo en siete pasos ordenados: el cielo, el agua, la tierra, las plantas, los animales, el ser humano y el fuego [2]. Todo lo creado participa del asha, la verdad-orden que sostiene el cosmos, y todo lo que lo corrompe pertenece a la druj, la mentira. Esa pareja de conceptos es la columna vertebral de la religión entera: el universo no se divide entre lo sagrado y lo profano, sino entre lo verdadero y lo falso.

Zoroastro: el profeta que lo cambió todo

La figura clave es Zoroastro (Zaratustra), un sacerdote de la vieja religión irania cuya fecha se discute entre el 1500 y el 600 a. C. La tradición cuenta que a los treinta años, mientras sacaba agua pura de un río para una ceremonia, tuvo la visión que lo cambió todo: un ser luminoso lo condujo ante Ahura Mazda, que le reveló que no era uno entre muchos dioses, sino el único digno de culto [2]. De aquella revelación salió una fe nueva con cinco ideas centrales: un solo dios bueno, un adversario maligno, y la santidad de los buenos pensamientos, buenas palabras y buenas obras.

Predicar aquello no fue un paseo. La tradición cuenta que Zoroastro pasó años sin convertir prácticamente a nadie, tratado como un charlatán por los sacerdotes de la vieja religión, hasta que logró ganarse al rey Vishtaspa, cuya corte arrastró a su pueblo tras de sí [2]. Sus himnos más antiguos, las Gathas, se transmitieron de memoria durante siglos antes de fijarse por escrito en el Avesta, el libro sagrado zoroastriano: una cadena oral tan larga que los propios especialistas discuten cuánto del profeta original queda en ella.

La quinta idea es la más moderna de todas: el libre albedrío. En un mundo antiguo gobernado por el destino, donde los dioses griegos movían a los mortales como piezas, Zoroastro proclamó que cada persona elige su bando, y que esa elección, no el linaje ni el capricho divino, decide su destino eterno. Cada humano es un soldado voluntario en la guerra cósmica.

La corte del Señor Sabio y su enemigo

Para gobernar la creación, Ahura Mazda emanó de sí a los Amesha Spenta, los "Inmortales Benéficos": seis potencias que encarnan la verdad, la mente sana, el poder justo, la devoción, la salud y la inmortalidad, y que la tradición posterior acabó pareciéndose mucho a lo que otras religiones llaman arcángeles [1]. Frente a ellos, con sus legiones de daevas, se alza su negación exacta: el demonio Ahriman, el espíritu destructor que eligió la mentira.

Los viejos dioses iranios no desaparecieron: fueron reorganizados. Figuras como Mitra, señor de los pactos, o la diosa de las aguas Anahita siguieron recibiendo culto como yazatas, seres "dignos de veneración" al servicio del Señor Sabio [2]. Es una jugada que las religiones repiten desde siempre: cuando un dios asciende al monopolio, los demás no se despiden, cambian de departamento.

Ilustración que representa la lucha entre Ahura Mazda y Ahriman, el bien y el mal del zoroastrismo
La guerra entre los dos espíritus no se libra en un campo de batalla, sino en cada decisión humana: por eso el zoroastrismo necesitaba el libre albedrío como ninguna otra religión antigua.

Esa oposición ha dado a los estudiosos un debate de más de un siglo que sigue abierto: ¿es el zoroastrismo un monoteísmo con un enemigo, o un dualismo de dos poderes casi iguales? [3] Las propias fuentes se contradicen: en los himnos más antiguos, Ahura Mazda es padre de dos espíritus gemelos que eligieron caminos opuestos; en textos posteriores, dios y demonio se enfrentan de tú a tú hasta que el bien venza al final de los tiempos. Una secta tardía, el zurvanismo, llegó a hacerlos hermanos gemelos nacidos del Tiempo infinito para resolver el enigma de dónde salió el mal [2].

¿Qué es el faravahar, el símbolo de Ahura Mazda?

Los persas que describió Heródoto se distinguían de griegos y egipcios en algo que al historiador le llamó la atención: no levantaban estatuas, templos ni altares a sus dioses, y consideraban una necedad darles forma humana [4]. Al dios sabio se le adoraba ante el fuego, símbolo de la verdad que ilumina, en los templos del fuego donde las llamas se mantienen encendidas desde hace siglos, como la del santuario de Yazd, en Irán.

El emblema que hoy todo el mundo asocia con él, el faravahar, un hombre barbado dentro de un disco solar alado, es en realidad un símbolo discutido: pudo representar al propio dios, a la gloria real o al espíritu guardián de cada persona. Los reyes aqueménides lo grabaron sobre sus conquistas: en la inscripción de Behistún, hacia el 516 a. C., Darío I flota sobre sus enemigos vencidos bajo la figura alada y repite que reina "por la gracia de Ahura Mazda" [2]. El dios sin imagen terminó siendo la imagen del poder imperial.

De su clero sacerdotal, por cierto, conservamos una palabra sin saberlo. Los sacerdotes de la religión irania eran los magos, una casta tan asociada al saber de los astros y los rituales que su nombre acabó significando en griego, y luego en todas nuestras lenguas, cualquier dominio de lo oculto. Cuando el evangelio de Mateo hace llegar a unos "magos de Oriente" siguiendo una estrella, está enviando a Belén, literalmente, a sacerdotes del Señor Sabio.

Ilustración de 1906 en la que un rey persa ofrece un sacrificio a Ahura Mazda, que aparece reflejado en el cielo
Un rey persa ofrece sacrificio bajo la figura celeste del dios, en una ilustración del libro de viajes Persia Past and Present (1906): la alianza entre trono y cielo que sostuvo a tres imperios.

La religión que escribió nuestro guion

Aquí llega la parte que convierte a este dios olvidado en un asunto personal para casi cualquiera. Los estudiosos de la religión llevan décadas rastreando cuánto del paquete zoroastriano se filtró, durante el exilio babilónico y el dominio persa, a las religiones vecinas: un juicio individual de las almas, un paraíso y un infierno, ángeles y demonios organizados en ejércitos, un salvador futuro y una batalla final que la tradición judeocristiana acabaría llamando el Armagedón judeocristiano [5]. La deuda exacta se discute; el parecido de familia, no.

Hasta el examen final tiene sello persa. El zoroastrismo imagina que cada alma, al morir, debe cruzar el puente de Chinvat: ancho como una avenida para los justos, afilado como una cuchilla para los mentirosos, que caen desde él al tormento. Juicio individual, balanza moral, cielo arriba e infierno abajo: el esquema completo, siglos antes de que Occidente lo diera por suyo. Y cuando la filosofía moderna quiso dinamitar precisamente esa moral del bien y del mal, eligió al mensajero con ironía deliberada: Nietzsche tituló su libro Así habló Zaratustra porque, escribió, quien inventó el error moral debía ser el primero en reconocerlo.

No era la primera vez que una religión rozaba la idea de un dios único, y no ocurrió solo en Persia: el culto de el dios egipcio Amón llegó a acercarse a un monoteísmo práctico siglos antes. La diferencia persa fue moral: Zoroastro no solo redujo los dioses a uno, sino que partió el universo entero en dos bandos y nos alistó a todos.

Representación de Ahura Mazda como un ser con cuerpo y alas de águila
Las alas del símbolo se leen a veces como los tres pilares de la ética zoroastriana: buenos pensamientos, buenas palabras y buenas obras. Toda una teología resumida en un dibujo.

Y ese es el legado con el que seguimos viviendo, para bien y para mal. Pensar el mundo como una guerra del bien contra el mal da sentido, moviliza y consuela; también fabrica enemigos absolutos con una facilidad tremenda, como sabe cualquiera que observe cinco minutos una red social o una campaña electoral. El Señor Sabio pedía elegir el bien con pensamiento, palabra y obra; sus herederos, a veces, solo recuerdan la parte de la guerra. Quizá la pregunta que deja este dios sin rostro es incómoda de puro simple: cuando divides el mundo en luz y oscuridad, ¿estás eligiendo el bien, o solo eligiendo bando?

Preguntas frecuentes sobre Ahura Mazda

¿Existe todavía el zoroastrismo?

Sí. Sobrevive sobre todo entre los parsis de la India y en comunidades de Irán y de la diáspora, con una cifra estimada en torno a cien mil fieles. Su rostro más famoso fue el cantante Freddie Mercury, nacido Farrokh Bulsara en una familia parsi zoroastriana.

¿La marca de coches Mazda viene de Ahura Mazda?

En parte, sí. La propia compañía explica que el nombre une el apellido de su fundador, Jujiro Matsuda, con Ahura Mazda como símbolo de luz y sabiduría. Pocas divinidades antiguas circulan hoy por tantas carreteras.


Fuentes y referencias bibliográficas

  1. Boyce M. Zoroastrians: Their Religious Beliefs and Practices. London: Routledge & Kegan Paul; 1979.
  2. Ahura Mazda. World History Encyclopedia. 2017 [citado 2026 Jul 16].
  3. Boyd JW, Crosby DA. Is Zoroastrianism Dualistic or Monotheistic? J Am Acad Relig. 1979;47(4):557-588.
  4. Heródoto. Historia. Libros I-II. Schrader C, traductor. Madrid: Gredos; 1977.
  5. Cohn N. El cosmos, el caos y el mundo venidero: las antiguas raíces de la fe apocalíptica. Barcelona: Crítica; 1995.
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